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El recorrido clandestino de Carlos Henríquez Consalvi para gritar la paz

El plan para trasladar el transmisor de la Radio Venceremos al centro de San Salvador empezó muchos días antes del 16 de enero de 1992. La idea del equipo de difusión del FMLN era irrumpir en la capital con una transmisión de la radio clandestina para difundir el mensaje más importante de su historia: la paz.

 

 

Raúl Benítez

La plan para trasladar el transmisor de la Radio Venceremos al centro de San Salvador empezó muchos días antes del 16 de enero de 1992. La idea del equipo de difusión del FMLN era irrumpir en la capital con una transmisión de la radio clandestina para hacer el anuncio más importante de su historia: la paz.

La Venceremos fue una emisora de la insurgencia que emitió durante once años de la guerra civil salvadoreña y buscaba el apoyo popular hacia el FMLN. Durante la guerra fue considerado como uno de los objetivos estratégicos, de ahí la importancia de mantenerse errante y oculta. En los últimos años del conflicto, según sus operadores, se convirtió en otro foro para el cese al fuego, en una plataforma para pedir una salida política a un conflicto que parecía no tener un vencedor y un vencido.

Carlos Henríquez Consalvi nació en Venezuela, pero su vida está tejida a El Salvador con cáñamo e izote. Su voz, la del guerrillero Santiago, como se le conoció durante la guerra y se le sigue nombrando aún. Llegó al país en 1980 y formó parte del equipo que fundó la emisora. Suya era la voz del combatiente, la que oculta, casi siempre en las montañas de Morazán, invadía distintos receptores de radio para transmitir su mensaje.

Santiago también tenía que estar en San Salvador para la proclamación. Su voz era la más representativa del equipo y tenía que anunciar el hecho. Su día inició desde la madrugada. Se tiñó el pelo y se rasuró la barba, y así sortear los distintos retenes militares que había desde Perquín hasta San Miguel. La paz ya retozaba sobre el país, pero no debía confiarse.

En su camino desde el oriente del país, vio a la población en camiones, muchos de ellos con banderas blancas, todos anhelando un acuerdo, una conciliación. Ya era el momento de pasar la página.

Llegó a la Plaza Barrios, en el centro de la capital. El parque se había convertido en un océano de manos y banderas. Todos a la espera de la confirmación de la firma de los Acuerdos de Paz en Chapultepec. Esperando un motivo para convertir la espera en alegría y cerrar por fin uno de los capítulos más duros de la historia del país.

Entró a la catedral Metropolitana e instaló la radio en uno de sus campanarios. A sus pies había una multitud enorme, todos celebrando. La emoción lo embargó. No recuerda la hora exacta, pudo haber sido las 10:30 de la mañana, pudo haber sido el mediodía. Tomó el micrófono y empezó a hablar. “Esta es Radio Venceremos emitiendo desde el corazón de El Salvador para informar que la paz ha arribado”.

Henríquez Consalvi escuchaba su propia voz reproducida por el altoparlante. Ese fue el día más feliz durante los once años de historia en la radio.

El periodista las gradas del templo y encendió un transmisor portátil y se unió a la celebración en el parque, a ese momento trascendental en la historia contemporánea de El Salvador, a ese día en el que las barreras se rompieron y se podía pensar en la construcción de un nuevo país. “Toda paz es frágil si se fundamenta en la inequidad, la marginalidad y la exclusión”. Para Santiago, solo la lucha contra la desigualdad y la falta de oportunidades aseguran una paz verdaderamente duradera.

Alejandro Ibarra