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La llamada de medianoche de Rafael Domínguez para reportar la paz

El protagonismo no era para él, pero una llamada no enlazada le ayudó a convertirse en el primer portavoz de la paz. Rafael Domínguez un periodista ahora curtido por la experiencia y con su propio programa de televisión, tenía a penas 21 años cuando acompañó a la comisión que terminaría firmando un acuerdo para llegar a la paz la noche del 31 de diciembre de 1991.

 

 

Por Raúl Benítez

El protagonismo no era para él, pero una llamada no enlazada le ayudó a convertirse en el primer portavoz de la paz. Rafael Domínguez, un periodista ahora curtido por la experiencia y con su propio programa de televisión, tenía apenas 21 años cuando acompañó a la comisión que terminaría firmando un acuerdo para llegar a la paz la noche del 31 de diciembre de 1991 en Nueva York, Estados Unidos.

Su designación para la cobertura fue fácil, era el más joven en el equipo de periodistas de Teleprensa, el noticiero para el que laboraba, y el que menos problemas tendría para viajar. Esto lo llevó, junto a Moisés Urbina, a convertirse en los escogidos para la misión. Por tres meses acompañó a los representantes del gobierno y del FMLN en las distintas negociaciones.

Viaje tras viaje fue testigo de los pocos puntos de encuentro. Fue hasta la última noche de 1991 cuando vio el cambio. Ese día habían esperado por horas en un pequeño espacio dentro de la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Armados de paciencia, junto a Urbina, veían como los delegados de ambas partes se movían de un lado a otro. “Tengan paciencia, algo puede salir”. Esa frase, recitada como mantra por todos los involucrados, se convirtió en su combustible.

Cerca de la medianoche todo era silencio en el edificio. Afuera, en Manhattan, la fiesta se había apoderado de las calles, entre vítores y cantos lo único que importaba era el conteo de fin de año; dentro todo era silencio, solo había movimiento en el piso 38, en el lugar donde seguía la negociación.

Pocos minutos antes de la medianoche se les invitó a subir, Domínguez y Urbina eran ya los únicos periodistas presentes, todos habían desistido ya sea por el cansancio o por el espíritu de la fiesta neoyorquina. Corrieron. Al llegar alcanzaron a ver como el peruano Javier Pérez de Cuéllar, el secretario general de la ONU de ese momento, leía el acuerdo que serviría de base para su firma dieciséis días después en el castillo de Chapultepec, en México, y que daría por terminada una cruenta guerra de 12 años.

Rápidamente tomó la cámara y empezó a filmar, Moisés Urbina bajó y buscó un teléfono. Era 1991, no había whatsapp, correo electrónico u otro medio por el que se pudiera enviar la noticia al instante. Encontró un teléfono público, llamó a El Salvador por cobrar pero esta nunca enlazó. Regresó sin éxito. El hecho ya había ocurrido y el país aún no conocía nada sobre el acuerdo. Ahora le tocaba a Domínguez probar suerte. Corrió, tomó el teléfono, marcó y escuchó en el otro extremo una voz.

Cecilia Estevez interrumpió la programación en El Salvador, tomó un teléfono en el estudio y dio paso al periodista y pronto sus palabras formaron parte de la historia de El Salvador. “Buenas noches Cecilia, estamos directamente desde la ciudad de Nueva York informando lo que ha pasado en los últimos momentos acá en esta ciudad de la Gran Manzana. La paz ha sido firmada, aquí en Nueva York. Repetimos, la paz ha sido firmada”.

Para Domínguez no ha habido otra mejor noticia que reportar. Estar en la noche en la que se daba fin a un conflicto entre hermanos era increíble. Fue gracias a este acuerdo que, según el periodista, El Salvador pudo soñar con desarrollarse. A partir de la paz hay vida, una oportunidad de mejor educación, accesos a servicios y escuchar su música. “Una guerra de doce años te deja destrucción, abandono y muerte… Y terminarla fue algo fantástico”.

Alejandro Ibarra