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Roldan Amaya

El partero salvadoreño y los 700 alumbramientos que atendió en tiempos de guerra

Durante las noches de la guerra civil de El Salvador, muchos niños nacieron en las manos de Roldan Amaya, casi siempre en carreteras, ambulancias y entre enfrentamientos.

Por Nancy Hernandez

partero salvadoreño

Roldan Amaya tiene 63 años de edad y 45 de brindar servicio en la Cruz Roja Salvadoreña.
Era 1972. Ingresó cuando tenía 17 años, inmediatamente tomó un curso donde aprendió todas las temáticas que el socorrista debe de saber. Después de este curso fue a prácticas a una clínica y fue ahí donde aprendió a asistir partos.

Roldan tenía 18 años la primera vez que ayudó a una mujer a parir. De esa ocasión hasta hoy sigue en esa labor de partero.

Cuando inició la guerra, la Cruz Roja lo asignó para que las emergencias por partos que ocurrieron por la noche.

Dado la situación nacional y los toques de queda, la Fuerza Armada les extendió un “salvoconducto”, documento que lo autorizaba a él y su equipo para viajar a cualquier hora y lugar del país, para atender a mujeres que estaban a punto de dar a luz.

“Mi especialidad siempre ha sido atender los partos, por eso durante la guerra yo presté servicios de partero durante las noches. Me gustaba y me emocionaba saber que iba a recibir un niño”, recuerda.

Roldan calcula que durante los 12 años de guerra asistió más de 700 partos.

No tiene con exactitud la cantidad de niños que ha ayudado a nacer en los 45 años de servicio que tiene como paramédico, pero asegura actualmente podrían rondar los 2 mil.

El último que asistió fue hace seis meses.

“Bajo las balas”
El nacimiento que marcó su vida como partero fue el de una niña que recibió el martes 14 de noviembre de 1989; fue en el “fragor de la guerra”.

En esta ocasión, fue llamado para prestar atención a cuatro militares heridos.

Sin embargo, cuando regresaban en medio de la calle de la colonia Satélite, en San Salvador, una mujer apareció pidiendo ayuda, puesto que estaba a punto de dar a luz.

En ese momento ocurría un enfrentamiento y recibían balas de ambos extremos de la calle. Era de mañana y logró llevar a la embarazada al hospital 1° de Mayo. Durante todo el trayecto él insistió en ayudarla, pero ella le replicaba: “usted no puede”.

“Nosotros llegamos y la colocamos en la camilla, el ginecologo dijo que solo se iba a cambiar la bata porque había atendido otros casos y estaba sucio. Solo se dio la vuelta él y la niña nació en mis manos. La madre estaba tan agradecida que me pidió disculpas un montón de veces por no creerme capaz”, narra Roldan.

Fue “una gran alegría” salir de ese lugar con vida y que la bebé naciera en sus manos, dice el partero.

Como representante de la Cruz Roja, él no tenían distinción y los partos que atendían era de personas civiles, de Fuerza Armada y la Guerrilla.

Roldan Amaya

Asegura que la mayoría de partos los atendió por la noche y muy pocos durante el día. .

En ese tiempo lo más emocionante era ver nacer al sano, aunque afuera las balas estuvieran por el aire.

Roldan, recuerda con humor, un caso en San Pablo Tacachico, la LIbertad, en donde la embarazada cada vez que ponía un pie en la ambulancia gritaba porque le causaba dolor. “Intente subirla tres veces y en ninguna fue posible”, explica.

El bebé ya estaba coronando, entonces optó por recostarla sobre la cera y ahí la asistió. Después de nacido el niño, la llevó al hospital. La labor de parto duró más de dos horas.

Pero el parto más importante en la vida de Roldan fue el de su hija menor, en la madrugada del 28 de diciembre de 1988. Él y su esposa estaban en su casa.

Asegura que en comparación de los otros casos que había atendido fue muy fácil.

Pero Roldán se sentía bastante estrés porque no quería fallarle a su familia.

¿Qué representó para usted recibir un recién nacido durante el conflicto armado?

Roldan dice que la necesidad que las personas tenían en esa época lo impulsó a salir cada noche para ayudar a los niño a nacer, a pesar de poner en riesgo su vida.

“No hay emoción y satisfacción más grande que ver nacer a un bebé”, dice

Su labor la describe como un aporte a la humanidad, dice que se considera un instrumento utilizado por Dios para ayudar a quien lo necesita.

El partero es el “héroe nacional” de todos los bebés que ayudó a nacer, en tiempos de guerra y en tiempos de paz.

“Siento una gran felicidad traer al mundo a un bebé, siento felicidad sentir que he colaborado para la humanidad, que le he servido… yo solo le digo a Dios: estas son tus manos, Jehová recibe este parto; son tus manos señor y él me da la facultad de traerlos al mundo. No soy yo, es Dios quien hace todo en mí”, dice mientras las lágrimas terminan de salir de sus ojos y recorren sus mejías.

Roldan asegura que ama tanto su trabajo que piensa seguir ayudando a los niños a nacer hasta que tenga las manos buenas y Dios le preste vida.

La vejez y enfermedad del partero

Cruz Roja Salvadoreña

Ahora Roldan tiene 63 años, el servicio que presta a la Cruz Roja es un poco irregular dado a su estado de salud, puesto que padece de Neuralgia del Trigémino. Enfermedad que fue causada porque un odontólogo le lastimo el nervio trigémino cuando le extrajo una muela hace más de 31 años.

Esto le causa un dolor muy intenso en los ojos, orejas, labios, nariz, mejillas, boca, mandíbula y en lado del rostro de donde fue extraída la muela.

Manifiesta que el dolor es tan intenso que le impide hablar e incluso comer. “A veces puedo al menos tomar atoles y otros días ni eso o agua puedo pasar del gran dolor”, comentó.

Su esposa, Isabel Flores, asegura que en esos momentos él sufre bastante porque el dolor le impide levantarse y muchas veces se molesta con él porque “ni el dolor lo detiene, él ama lo que hace y cuando se empieza a sentir bien se va”, comentó.

Aseguró que tienen muchas necesidades porque Roldan no puede trabajar dado a su enfermedad y el gasto de medicamentos que tienen.

Ella asegura que se siente orgullosa de él y de su entrega al trabajo. Sin embargo, a veces le reprocha el sentimiento de preocupación que le hacía sentir durante los 12 años de guerra porque cada noche que salía, ella se preocupaba.


“Dios me ilumina a mí para asistir los partos, cada vez que un niño viene al mundo y está en mis brazos siento un escalofrío en todo el cuerpo porque sé que es una vida y porque sé que es una creación de Dios, no es cualquier cosa”, dijo.

“Siento felicidad sentir que he colaborado para la humanidad, que le he servido… yo solo le digo a Dios: estas son tus manos, Jehová recibe este parto”

Roldan recibió un curso de asistencia de partos en el Hospital de maternidad, ahí le dieron un diploma que lo acredita como partero a nivel nacional. En la actualidad todavía da asistencia a las madres que lo solicitan. No cobra por la atención porque dice que es un privilegio que Dios le ha otorgado el ayudar a niños a nacer.

Mario Surio