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Socorrista

“Su entrega siempre fue a su trabajo, sin importar el peligro”

Durante los 12 años de guerra, el papá de Silvia de los Ángeles nunca estuvo en las fiestas de umpleaños, paseos familiares, cenas de navidad y fin de año. Todo eso se perdió Carlos López Mendoza , uno de los socorristas y vocero de la Cruz Roja salvadoreña.

por Nancy Hernandez

Carlos López Mendoza entrevista

Silvia de los Ángeles López, tiene ahora 49 años de edad, pero en su niñez sufrió la ausencia de su padre, a causa de los 12 años de guerra civil.

Sivia es la hija menor de Carlo López Mendoza, conocido socorrista y vocero de Cruz Roja.

Durante muchos años, ella le guardó resentimiento y enojo porque de pequeña se sentía sola y triste por su ausencia, puesto que en fechas importantes, él no estaba.

“Mi papá nos dejaba solas en Navidad, Fin de Año, en Semana Santa. Jamás celebramos un cumpleaños porque no lo veíamos”, recuerda Silvia.

En la década de la guerra, a pesar de ser una niña. Silvia sabía que todos los días su padre corría peligro y un día podía dejar de llegar.

Ella describe esa sensación como un estado de angustia y enojo porque en ese entonces no comprendía el amor que su padre tenía hacia el prójimo.

“Para una niña como yo era muy triste saber que mi papá podía no volver, me costaba comprender su pasión y entrega. Yo quería el amor de mi padre y sentía la necesidad de estar con él. Nosotras no podemos decir que tuvimos una niñez con mi padre”, explica.

Silvia, su hermana y su abuela no tuvieron otra opción más que darle un fuerte abrazo y la bendición cada vez que salía de casa. Oraron por él todos los días.

“Sabíamos que mi papá andaba en en la ambulancia con banderas blancas, pero no dejaba de preocuparnos. Cuando él no estaba y se escuchaba balas afuera, nosotras nos metiamos debajo de la cama, nos sentíamos solas. Sentíamos miedo porque sabíamos que él no estaba ahí para protegernos”, expone

Silvia no tiene muchos recuerdos en familia porque muy pocas veces salían juntos, ya que ni los fines de semana estaba con ellas. Ahora entiende que fue por la responsabilidad que don Carlos tenía con la organización.

“A veces les decía que íbamos a salir a algún lado el fin de semana, pero siempre en lugar de llevarlas me venía para acá. Es ese tiempo de guerra, siempre pasaba algo y era nuestra obligación ir y tratar de ayudar”, explica el socorrista, Carlos López Mendoza.

Silvia, sollozando y haciendo un gran esfuerzo por no llorar, recuerda que en las fechas festivas de Navidad y Fin de Año se sentía sola.
En ocasiones él solo llegaba a cenar y se iba. En otras se llevó la cena navideña en un depósito a las oficinas de la Cruz Roja. Y en varias ocasiones alguien más recibía la comida porque él estaba en emergencia, ayudando a alguna víctima de la guerra.

Carlos López Mendoza agradece que en la actualidad sus hijas ya no le guarden rencor y hayan comprendido que ayudar a las demás personas es su mayor logro e impulso en la vida.

“Ellas ya entendieron que si dejo de trabajar me muero. Lamento el tiempo que perdí con ellas y agradezco que me lo hayan perdonado”, dice el socorrista.

Ahora Silvia admira la entrega y dedicación que su padre ha tenido a su trabajo y el gran amor que siente por las demás personas porque toda su vida la ha dedicado a ayudar a los demás, sin pensar el peligro al cual se ha expuesto.

“Cuando me di cuenta que a mi papá le gustaba ayudar al prójimo me hizo pensar que estaba haciendo algo bueno y por eso lo he admirado toda mi vida. Todavía me dan ganas de llorar cuando me acuerdo de su ausencia, pero ahora comprendo las razones”, manifestó.

Aseguró que el tiempo que perdió con ella y su hermana ahora lo está recompensando con su su nieta, hija de Silvia, pues a pesar de tener siempre en primer lugar su trabajo, le dedica tiempo a la niña.

Para el año pasado en la cena de navidad y fin de añoestuvieron reunidos, pero a temprana horas del día 25 de diciembre y 1° de enero él se despidió de ellas porque tenía que estar en conferencias de prensa y actividades de la Cruz Roja Salvadoreña.

Carlos López Mendoza es reconocido por ser el vocero oficial de la Cruz Roja Salvadoreña, tiene 40 años de pertenecer a la institución humanitaria. Ahora tiene 77 años y se niega a jubilarse porque dice amar su trabajo y sentir que va a morir el día que lo deje.

Ahora Silvia agradece a Dios que en la década del conflicto armado no le haya pasado nada a su padre y se siente orgullosa porque él ayudó a salvar muchas vidas. Dice que actualmente comparte más tiempo con él, inclusive los cumpleaños y festividades.

Carlos López Mendoza explicó que cuando su esposa le dejó las niñas, una tenía dos y la otra cuatro años. Él junto a su madre las crió. El socorrista confiesa que dedicaba más tiempo a su labor en la institución de socorro que como padre.

En época del conflicto armado, Carlos López Mendoza tenía plaza fija en la institución, esto hacía que dedicara más tiempo a su trabajo como socorrista. En esa época su hija mayor tenía 14 y la menor 12 años.El socorrista muchas veces paso peligro porque estuvo en zonas de enfrentamiento, otras más tuvo que salir de madrugada porque tenía que atender personas heridas por bombardeos o enfrentamientos.

“Una de mis hijas (la menor) no le gustaba que viniera tanto a la Cruz Roja porque ni los fines de semana pasaba con ellas”, dijo Carlos López Mendoza

“Recuerdo un 31 de diciembre que me llamaron al as 11:30 de la noche porque había una emergencia. Mis hijas se revolcaban de bravas porque me habían llamado. Mi hijas sufrieron mucho mi ausencia”, dijo Carlos López Mendoza

Mario Surio