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San Francisco Lempa

Pese al conflicto siguieron trabajando

Oriundo de San Francisco Lempa, Juan Noé López describe cómo los pobladores de esa localidad sobrevivieron al conflicto armado y su forma de vida en ese lugar tras la firma de la paz.

LISSETTE ÁBREGO

San Francisco Lempa

Ya es media tarde y Juan Noé López, de 55 años, permanece acostado en una hamaca a la espera de clientes que le soliciten, a cambio de unos dólares, un paseo por el Lago Suchitlán, donde hace recorridos en lancha o ferry desde el improvisado Puerto de San Francisco Lempa, en Chalatenango, hasta el Embarcadero San Juan, en el vecino Suchitoto, Cuscatlán.

Este trabajo comenta que es el resultado de su deseo de superación y de sacar adelante a su familia, tras la decadencia que trajo al país el conflicto armado.

Don Juan cuenta que antes y durante la guerra se dedicaba a la agricultura, al igual que la mayoría de sus vecinos, pues como cabeza de hogar tenía que mantener a su esposa y sus pequeños hijos.

“En la tierra cultivaba maíz, arroz, maicillo y sandía… Una parte de la producción la llevaba a vender al mercado La Tiendona (San Salvador) y la otra parte se despachaba ahí en el pueblo, porque allí llegaban a comprar los camiones”, comenta.

Aunque admite que por días era un trabajo bastante pesado dice que tenían que llevarlo a cabo, sobre todo, porque no habían otras fuentes de empleo que les permitieran ganarse el sustento diario.

Y es que, pese a tener a su disposición los peces que poblaban el espejo de agua, en esa época era demasiado arriesgado dedicarse a la pesca.

Según cuenta, si pasaba una aeronave y sus tripulantes veían una canoa en el lago le dejaban caer bombas, sin importarles que estuviese ocupada. El riesgo y el miedo eran latentes.

López recuerda que, entre 1984 y 1985, varios pescadores corrieron la mala suerte de estar en el agua cuando pasó un avión, puesto que fueron bombardeados y hasta el día de hoy no han sabido nada de ellos.

Zona de combate

En San Francisco Lempa el conflicto se vivió a menor escala, porque no hubo tantos enfrentamientos y muertos como en otras localidades de Chalatenango y el país. Sin embargo, tras los primeros combates muchas fueron las familias que se fueron con sus parientes de la capital u otras ciudades, incluso fuera del país.

Don Juan afirma que él no se fue, no porque no quisiera ante lo que se avecinaba sino porque como otros vecinos no tenía donde ir. Carecía de recursos.

“Venían a veces de pasada y luego se iban…Ellos buscaban su tiempo, como quien dice: hoy vamos y otro día no vamos”, comenta y agrega que los guerrilleros llegaban al pueblo en la noche, se dedicaban a saquear las tiendas para llevarse todos los alimentos porque no hallaban de dónde más agarrar.

Aunque, sostiene que a diferencia de otros lugares allí respetaron y no se llevaron a la fuerza a menores de edad ni les quitaron ganado ni animales de corral. “Uno escuchaba (las noticias) y sentía que estaba más fregado en otros lugares que aquí… por ejemplo, en (San Antonio ) Los Ranchos, Guarjila, Comunidad El Sitio, Valle Verde, Zacamil y Guazapa”, explica.

firma de la paz

Por la misma razón, la infraestructura del pueblo casi no se vio afectada y algunas de sus estrechas calles continúan como hace más de tres décadas, cuando inició el conflicto. Tanto en aquel tiempo como ahora, los pobladores no saben con exactitud por qué se dio la guerra. “A lo mejor algunas personas ya sabían y otra gente que no sabíamos qué es lo que peleaban, hasta llegar al punto de este tiempo, que hoy entendemos que lo que peleaban ellos era estar en la presidencia”, acota.

Al preguntarle si considera que la guerra sirvió de algo o valió la pena responde que después de ella el pueblo quedó atemorizado y ya no hay confianza.

Mario Surio