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Negro Osorio

SIEMPRE CONFIÉ EN DIOS DURANTE EL CONFLICTO

José Porfirio Osorio Moreira, fotoperiodista de El Diario de Hoy durante el conflicto armado que afectó a El Salvador, comparte algunas de sus experiencias y anécdotas

por LISSETTE ÁBREGO

Negro Osorio

Porfirio Osorio sostiene que es doloroso ver cómo se valieron de la ignorancia y la necesidad de la gente humilde. Además del hecho que muchos inocentes murieron, entre ellos muchos niños.

Casi 37 años han pasado desde que la sociedad salvadoreña vio por vez primera los signos de un hecho que marcó un antes y un después en la historia de El Salvador. De acuerdo con diferentes entidades, durante el conflicto armado hubo un promedio de 75 mil muertos; sin embargo, los que participaron en alguno de los bandos (Ejército y guerrilla) afirman que fueron más, pues muchos quedaron como desaparecidos, cuando en realidad fueron asesinados y hoy en día sus familiares aún se preguntan dónde están y lloran su ausencia.

Entre los que presenciaron en primera línea muchos de estos hechos violentos están los comunicadores de los diferentes medios nacionales y extranjeros que dieron cobertura a ese suceso. Uno de ellos es José Porfirio Osorio Moreira, de 59 años, mejor conocido como Oso o Negro Osorio. Su historia detrás de la lente de una cámara fotográfica comenzó casi al mismo tiempo que la guerra, pues se inició en el periodismo en mayo de 1977 cuando comenzó a trabajar en The News, un periódico en inglés que se editaba en El Diario de Hoy, empresa que le abrió las puertas al mundo de las comunicaciones.

Para entonces comenzó a trabajar en la noticias de carácter social, además junto a tres compañeros vendía anuncios, los cobraba, los corregía y luego coordinaba su edición. Así pasaron unos años hasta que el rotativo dejó de procesarse en la empresa y pese a que los dueños le ofrecieron otro puesto, él decidió quedarse con la plaza de ordenanza que estaba disponible en el matutino. Cuando comenzaba la guerra compró una cámara Minolta 35 milímetros, con la cual tenía como objetivo aprender a tomar fotos.

Poco tiempo había transcurrido cuando sus habilidades con la cámara y el coraje para realizar el trabajo periodístico fueron puestos a prueba en un clima de inestabilidad y polarización. “Un día hubo un enfrentamiento en Suchitoto, donde atacaron al Batallón Pantera de la Policía Nacional, prácticamente se los terminaron, y no había quien fuera, entonces me dijeron, ‘mirá, tenés el valor de ir’, les dije que sí”, cuenta. Para ese entonces su compañera en el campo de batalla era una cámara Kónica, con lente 35 milímetros, por lo que para hacer el trabajo tenía que acercarme mucho a los sujetos y objetos que quería fotografiar. Relata que por suerte le salieron bien las imágenes y, sin imaginárselo, ese día se llevó la foto de portada, fue entonces cuando le dijeron que ya no estaría más dentro de la redacción sino en la calle, reporteando los sucesos de guerra y otros hechos que ocurrían en el país. Ha cubierto desde un accidente de bicicleta hasta una tragedia aérea como la de Aviateca.

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Al recordar esos días son muchas las anécdotas que vienen a su mente. “Era aventado”, afirma luego de contar cómo llegaba a un lugar y sin mayor reparo se internaba en el campo de batalla con el fin de conseguir las mejores imágenes. En varias ocasiones estuvo en medio de una balacera o en el punto de tiro de los combatientes. “Por una pequeña confusión nos podían matar si creían que éramos del otro bando”, dice. A esos riesgos se suma el hecho que muchos de los involucrados en el conflicto amenazaban de muerte a los periodistas en caso de ver imágenes suyas publicadas en los medios de comunicación.

Admite que desarrollar la labor fue difícil para los periodistas locales, pues solo podían acompañar al Ejército, a diferencia de algunos reporteros extranjeros a los que la guerrilla les permitía seguirlos algunas veces. Osorio afirma que eran impactantes las escenas a su alrededor, muerte, luto y dolor eran el pan de cada día, sobre todo, en las zonas donde los enfrentamientos fueron más frecuentes y recios. Muchas de esas experiencias hoy en día no las ha compartido con nadie, añade.

Entre los cientos de anécdotas que recopiló a lo largo de la guerra está el haber escapado a la muerte en varias ocasiones cuando se encontraban con la guerrilla y estos empezaban a preguntar en qué medio trabajaban. Además, la vez que no hizo la foto por auxiliar a un soldado que poco después murió sobre sus hombros mientras lo llevaba en busca de ayuda o la ocasión en la que cayeron en un hormiguero y no se podían mover porque si hacían ruido, les dispararían. Para Osorio fue difícil ver tanta muerte, sobre todo de niños, pero siempre confió en Dios en que las cosas cambiarían y en que no moriría en medio del conflicto.

Mario Surio