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Luché por lo poquito que teníamos en Perquín

Aprendió a evadir los problemas durante el conflicto armado para seguir con su trabajo en las plantaciones de café. Cree que hay algunas iniciativas prometedoras en el municipio y alrededores

Por Enrique Maldonado

Henry Adolfo Argueta sigue manteniendo la misma confianza en la agricultura que hace más de 35 años. Ni el conflicto armado, primero, ni las plagas, después, lograron doblegarlo y continúa luchando por sacar adelante su producción en Perquín, al norte de Morazán.

Poco a poco las balas sonaron más fuerte a finales de las década de los 70. Un tiempo en que “estábamos haciendo el esfuerzo (por producir), pero la guerra vino a echar todo abajo”, lamenta.

De todos los beneficios que había en el municipio y localidades vecinas, los productores mayoristas se fueron al centro del país. Él decidió quedarse y continuar con el cultivo del grano.

Las fincas quedaron abandonadas y se perdieron muchas fuentes de trabajo, “pero nosotros seguimos luchando por lo poquito que había”.

Era una época en que Perquín distribuía bastante café, de los mejores cafés del país, al extranjero.

Don Popo, como lo conocen en Perquín y en buena parte del exbolsón de Nahuaterique, mantiene esa firmeza y sigue cosechando el fruto del esfuerzo que le ha caracterizado por décadas.

Los enfrentamientos cesaron oficialmente el 16 de enero de 1992. Y de esos acuerdos de paz hubo consecuencias negativas para el cultivo, afirma don Popo: la distribución de tierras en zonas conflictivas a los excombatientes desmovilizados.

“Le dieron tierra a los combatientes, que no sabían nada de café y allí es donde se perdió la credibilidad del café (en Perquín). Nunca se pudo recuperar, hasta hoy que empieza a haber algunas iniciativas”, reflexiona.

Tiempo después llegó la roya, que echó abajo gran parte de las plantaciones del grano en unas dos mil 500 manzanas en el municipio. En el periodo 2012-2013 apenas produjeron un 16 % de los casi 100 mil quintales promedio que sacaban antes, como efecto de la plaga.

Don Popo es parte de los más de 500 productores que siguen adelante con la caficultura. Él ha sembrado una variedad más resistente a la plaga en su finca, camino a San Fernando. Tiene mucha esperanza.

Invitación a irse

Al igual que en otros municipios de Morazán, ubicados al sur de Perquín, don Popo también fue conminado a dejar el pueblo. “La Fuerza Armada nos decía que nos fuéramos (del pueblo), para que no colaboráramos con la guerrilla. Pero nosotros no queríamos dejar los bienes que teníamos aquí”, comenta.

En una ocasión los soldados lo llevaron hasta el cuartel de San Francisco Gotera y le pidieron que se fuera de Perquín, que ya no colaborara más con las fuerzas irregulares. No hizo caso.

Y la persistente y cada vez más creciente presencia guerrillera en ese sector montañoso del departamento también era un factor que incrementaba la inseguridad.

De hecho, “Perquín tuvo tres tomas fuertes de los guerrilleros”. No obstante, la decisión estaba tomada y era firme: “nos resistimos a abandonar el municipio, haciéndole frente a lo que viniera por delante”.

La ayuda que prestaba a las fuerzas irregulares no era voluntaria. Si no lo hacía, debía irse del pueblo. Algo a lo que no estaba dispuesto.

“Lo que me pedían (los guerrilleros) era transporte y comida, porque trabajo en los exbolsones de Nahuaterique con maíz y frijoles. Ellos lo que pedían era más que todo comida y transporte para movilizar heridos”.

Le habían asignado un día a la semana para enviarles las tortillas. Eso era tarea de las mujeres. “Uno daba el maíz y a ellas les tocaba echarlas”. Y no era el único, cada quien en el municipio sabía que había que tener las tortillas hechas y mandarlas a dejar.

Nada ha cambiado

“Era igual que en la actualidad con las maras: si le ponen la renta y no cumple, le dan jaque. Veo que estamos casi en las mismas circunstancias que los 80 y 90”

Ese viaje al cuartel de San Francisco Gotera cortesía del ejército también le representó inconvenientes con el otro bando. “La guerrilla me retuvo una vez porque sospechaba que yo daba información al cuartel (de Gotera)”. Y no solo eso. “Si se me arruinaba el carro, decían que era intencional para no ayudarles”.

Los salbeques eran de uno y otro lado por lo que debió jugar “un papel con los dos bandos”. Y no solo eso. Además, “varias veces quedé en fuego cruzado en enfrentamientos entre soldados y guerrilleros. Siempre supe jugarme la vida en ese tiempo”, dice.

El conflicto armado dejó miles de víctimas. Muchas de ellas nunca fueron encontradas, como le sucedió a don Popo. “Perdí bastantes familiares que no se sabe dónde quedaron (enterrados)”.

En este sentido, propone que ahora que se está exhumando los restos por la masacre de El Mozote que hizo la Fuerza Armada, “sería bueno que también exhumaran los cuerpos de las víctimas de la guerrilla”.

Se refiere, en parte, a un grupo de personas que vivía en el sector de Sabanetas. Eran adventistas y salían a orar de madrugada. Pero los guerrilleros los acusaron de espiarlos y los mataron a todos. Eran primos y tíos de él. Fueron alrededor de diez personas asesinadas de una vez. Nunca supo dónde los ejecutaron.

También un alcalde de Perquín, Terencio Rodríguez, fue ejecutado el 11 de abril de 1988 por la guerrilla. Había sido electo por el partido Arena. “Era primo mío, lo mataron y no se sabe dónde quedó (su cuerpo)”.

Armando Bonilla