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Francisco De Sola: “Los Acuerdos de Paz fueron un brote de razón y liderazgo”

El empresario recuerda con un halo de nostalgia la “magia” y el clima de diálogo y entendimiento que llevó al pacto de 1992. Lamenta que no se haya originado después un plan de país a largo plazo y que ahora falte madurez y aquel clima de liderazgo que conduzca a la solución de los problemas que hoy abaten al país.

por elsalvador.com

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Con un hablar pausado, pero franco y directo, el empresario Francisco De Sola da un vistazo 25 años atrás, cuando gobierno y guerrilla hicieron un pacto que llevó al fin del conflicto armado, las expectativas que de allí surgieron y el hecho de que con aquel acuerdo se estaba diciendo: todos los salvadoreños somos parte de este país.

Pero mirando en perspectiva, De Sola lamenta que tras un acuerdo tan trascendental no se haya armado un plan de desarrollo de país a largo plazo y sobre todo que no haya, como hace 25 años, un clima de entendimiento y de liderazgo para afrontar los problemas de violencia y falta de productividad que atraviesa el país en la actualidad. Ante esa compleja situación, plantea medidas que se pueden tomar para sacar adelante al país, entre ellas generar confianza e incentivos para la inversión, mejorar la educación, recuperar territorios en manos de delincuentes y hacer del país atractivo a la inversión.

A 25 años, ¿hay dudas o firmeza de que firmar los Acuerdos de Paz fue la mejor decisión en aquel momento?

Yo ya estaba aquí en el país con mi familia, habiendo regresado de estar fuera por muchos años por la situación de inseguridad y recuerdo, 25 años después, el sentir de magia de aquel evento. Fue algo muy especial. Yo creo que había un brote de razón, de realismo y un ejercicio muy especial de liderazgo que no hemos visto. Es decir, las partes entendieron que ya no se podía seguir ese conflicto tan desastroso y los líderes de las partes, pese a sus diferencias y pese a aquello por lo que la historia los juzgará, hay que aceptar que fueron sabios y lograron un acuerdo. Y eso nunca se había visto en este país. Mucho de bueno ha quedado, la historia nos ha permitido darle un juicio de realismo a lo que su pudo hacer y no juzgar mal lo que no se hizo. Pero hay dos puntos claves aquí: la presión internacional nos llevó a la mesa de negociación. Los líderes, especialmente el presidente Cristiani y la jefatura o el equipo del Frente supieron ponerse de acuerdo, y eso en cierto sentido fue mágico.

Hoy tenemos una situación más complicada, más difícil, pero también dinámica. ¿Cuales son las diferencias?

La presión internacional es muy diferente ahora, El Salvador no cuenta como una fuente de conflicto, sino como una fuente de problemas. Es difícil imponerse sobre la democracia que tenemos y de afuera no pueden venir simplemente a decirnos ‘hagan esto, hagan aquello’, pues provoca reacciones con oleajes muy complicados.

El segundo punto es que el liderazgo que teníamos antes es muy diferente al que tenemos hoy. Y poner partes de acuerdos con disgregación de líderes y la inhabilidad de presionar es mucho más difícil ahora; sin embargo, hay una diferencia difícil de reconciliar entre un conflicto armado formal, abierto, cruento como el de los años ochentas, una guerra intestina, llámese insurrección o lo que sea, con la de hoy que es subterránea, es como estar sobre una cama con brasas calientes y afecta todo. Es una guerra mucho más difícil de parar y está provocando una tragedia inmensa que es la emigración y la disgregación de la familia y la sociedad. Y lo más difícil es que no la reconocemos en su verdadera dimensión ahora como reconocimos en aquel momento la guerra que paramos; este momento es mucho más importante porque es mucho más difícil de resolver y eso no lo digo por ligereza, sino porque es responsabilidad de todos resolverlo y que los líderes despierten.

¿Qué explica el problema hoy? Montémonos al ‘92, había miedo de qué venía después de una paz y tremendo escepticismo de que los negociadores y las partes eran lo que necesitaba el país, pero se venció con un acuerdo, se venció con el acto de llegar a un acuerdo, y ciertamente la presencia internacional de garantes, personajes importantes, el apoyo internacional de los países cooperantes creo que ayudó a mitigar el miedo y el escepticismo. Hoy tenemos tremendo escepticismo, para no decir un desencanto generalizado con la situación pero el verdadero problema es la falta de confianza sistemática, no existe confianza, ¿y por qué?, porque la confianza se construye con actos, con dichos, con empatías que se van generando a través del contacto entre partes, o entre negociadores o entre partidos, y en la confusión de lo que nos está pasando, en vez de generar confianza generamos desconfianza. Entonces, hasta que no generemos confianza y que se asiente como un buen bosque creciente, va a ser muy difícil salir de esta crisis.

Del 92 en adelante hubo una buena situación económica para el país, hubo inversión y mejora de diferentes aspectos. Eso muestra la confianza que se vino generando a partir de hechos. ¿Podemos pensar hoy en un renacer de ese tipo?

El acto de los acuerdos de paz abrió un espacio, hubo un mensaje general que yo considero bien importante, y es que a partir de los acuerdos de paz todo ciudadano tiene derecho a vivir en El Salvador, a vivir en paz y desarrollarse. Ese es un gran cambio filosófico, emocional, y eso desató una ola de confianza, de energías reprimidas por la guerra que redundó en, por ejemplo, grandes triunfos como la identificación de una nueva institucionalidad, ciertas reformas al Estado bien importantes, un sistema electoral que ha venido funcionando, para bien o para mal, con defectos pero con muchos aciertos; una libertad de expresión que ustedes lo pueden consignar y una energía empresarial creativa muy salvadoreña por la voluntariedad de los salvadoreños, su aptitud por el trabajo, su destreza de ser luchadores.

¿Qué es lo que no pasó y que ahora tiende a retroceder a lo bueno de aquellos tiempos? No hubo un acuerdo nacional posterior a los acuerdos de paz sobre la importancia de un plan a largo plazo para atender los problemas de la pobreza, de educación, de salud, de atender en una forma sistemática la infraestructura, no hubo un acuerdo lastimosamente y este siempre fue un tema de conflicto, el cómo generar riqueza. Se generó riqueza pero no hubo acuerdo de los cimientos de aquella riqueza ni de la distribución de aquella riqueza, ni de la justicia que debería haber emanado de la distribución de la riqueza; y lo peor de todo es que perdimos el control del territorio porque en la medida que se disgregaban familias por falta de oportunidades, progresó y comenzó la violencia, comenzaron las maras, comenzaron las extorsiones y todo en esta guerra de brasas que veo subterránea imparable y muy difícil.

Y al final creo que lo que falló en los 25 años es que aunque tratamos de nutrir nuestra esperanza y nuestro quehacer y basarnos en mejores prácticas extranjeras, no supimos leer lo que estaba pasando en el mundo. Hoy está más complicada la situación porque realmente nos falta una visión coherente de cómo salir adelante como país, una visión de país y de Estado para el siglo XXI y tenemos que cambiar de rumbo, no podemos seguir con este rumbo. Esa es una coyuntura dramática para los dirigentes que los llama a una madurez que, quizás la tienen, hay que darle crédito a todo dirigente comenzando por el presidente de la República, la madurez de reconocer que hay que cambiar de rumbo y que si cambian de rumbo todos podemos participar en reconstruir el país.

¿Igual con la madurez con que se hizo en el 92 y ceder en lo que se tenía que ceder?

En la negociación hubo toma y daca, hubo insistencias, resistencias, pero hubo al final un acuerdo muy sabio.

Se vieron los frutos, hubo desarrollo económico, se hizo la Comisión Nacional de Desarrollo, pensando a largo plazo y en grandes proyectos, un esfuerzo de país…

La Comisión fue un esfuerzo nacido de la presidencia del doctor Armando Calderón Sol, fue en cierto sentido un reconocimiento de lo que nos insistía la comunidad internacional y la correlación de fuerzas quizás permitía generar lo que para mí fue un honor y un aprendizaje extraordinario que hoy me da confianza de que al final del túnel hay luz, porque uno llega a conocer la geografía, la correlación de poblaciones en este país y a la gente misma, y al final de cuentas el salvadoreño da esperanzas porque es luchador, es empático, no es violento por naturaleza, tiene sentido común y lo que quiere, y esto no ha cambiado desde el ‘92, es una libertad de desarrollarse, de hablar, de moverse, no quiere que le digan a dónde ir o qué hacer, quiere vivir en paz sin que lo extorsionen o lo maten, y quiere que le sean honestos. Esto es de las buenas cosas que han pasado en 25 años y es que ha habido transparencia y ahora probidad y la gente con sentido común no quiere que le digan mentiras. Esa es una plataforma que viene desde antes de los Acuerdos de Paz, que la confirmamos con los Acuerdos de Paz y que básicamente es una plataforma de unir a todo mundo. Y si un gobierno no está cumpliendo eso, pues es necesario cambiar de rumbo.

¿Cree importante que los actores de la vida política e institucional del país reconozcan, como en aquel momento, que pueden ceder en bien del país, ceder en posiciones políticas e ideológicas? ¿Será aquel componente del ‘92 lo que falta hoy para que el país no colapse?

Quizá démosle vuelta un poco a la pregunta. En aquel momento había presión internacional, había muchísima sangre y había liderazgo. Hoy tenemos otro componente y es que el mundo realmente ha cambiado y lo que necesitan nuestros políticos, todos, es ver lo que está pasando afuera. Yo soy de la opinión de que hay que cambiar de rumbo porque si no nos insertamos en lo que está pasando en el mundo nos vamos a quedar pobres y rezagados. ¿Y qué está pasando en el mundo? La globalización, pese a que es tan criticada, no va a parar, el mundo se entrelaza, las cadenas de producción son virtuales, la productividad tiene que ver con competitividad, algo a lo que lamentablemente el gobierno actual y el anterior no le hicieron mucho caso; los países que ponen su casa en orden, pagan sus cuentas, generan impuestos, tienen actitud de promover el empresarialismo y cuidan la seguridad, avanzan. El Salvador lo que hace es ver adentro, ver el conflicto interno, y el conflicto entre partidos lamentablemente es un clima de desconfianza y odio. Si viéramos ejemplos fuera y nos inspirara a ver qué funcionó bien, tendríamos los elementos para empezar a construir un cambio de rumbo.

Por ejemplo, usted recordará que en los tiempos antes de la guerra, Irlanda nos vino a enseñar sobre zonas francas, zonas libres. Irlanda es hoy grande por eso; Corea que en los años 50 eran casi tan pobre como El Salvador, hoy es el éxito a base de un proyecto de educación que es ejemplo. Tenemos el caso de Estonia que se zafó de la Unión Soviética y tiene uno de los mejores sistemas de salud y un sistema tributario interesantísimo. Entonces, ¿qué pasa? Si no vemos fuera, no vamos a traer ni la gente, ni la tecnología, ni las ideas para un cambio de rumbo. Lamentablemente a este gobierno no le gusta esto, no acepta ayudas, no acepta escuchar.

Ante todos estos hechos, ¿hace falta refundarse y alcanzar nuevos acuerdos?

En efecto. Al igual que algunos comentaristas que han venido apareciendo, no lo elevaría a acuerdos, más bien lo articularía como un cambio de procedimiento y de actitud que desate confianza y que se mida incrementalmente con hechos. Si yo le hablo a usted y hablamos día tras día, me promete algo y no cumple yo pierdo confianza; al contrario, debe haber hechos que me indiquen que hay un cambio de rumbo.

Me atrevo a repetir la emoción de lo visto 25 años atrás: se dijo con inteligencia, hoy todo ciudadano puede ser parte de este país y hoy es el momento de decir: todos somos corresponsables de arreglar esto, pero escúchennos.

“Los líderes, especialmente el presidente Cristiani y las jefaturas del Frente, supieron ponerse de acuerdo y eso en cierto sentido fue mágico”.

Mario Surio
  • Julio Amaya

    excelente! si podemos cambiar esta situacion,unidos ; como cuzcatlecos,haciendo de lado ideologias y demandando mas responsabilidad a la clase politica;que no son mas que in monton de corruptos.