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Los recuerdos de los bombardeos

Tenancingo, con la herida aún abierta


Los recuerdos de los bombardeos y  los desplazamientos forzosos siguen en la mente de las personas originarias de Tenancingo


La sonrisa de los habitantes de Tenancingo se borra de su rostro al hablar sobre la guerra civil de los años 80. Y no es para menos, este pueblo sufrió varias ocupaciones de la guerrilla y ataques de las fuerzas armadas.

“La toma” más cruel fue la realizada durante el 25 y 26 de septiembre de 1983. “Hubo muertos, heridos, ahí estuvieron tendidos” señala afuera de su casa Guadalupe de Jesús Valle Ortiz, de 77, habitante originaria de Tenancingo.
Valle Ortiz, como varios vecinos, suelta lágrimas cuando recuerda los momentos en los que cayeron las bombas sobre el pueblo. “Vino la Fuerza Aérea a bombardear toditito. Vinieron a matar a soldados, guerrilleros, el montón de gente”, cuenta la septuagenaria.

José Francisco Lara Sánchez, de 74 años, recuerda que tenía que salir “gateando” para escapar del peligro.
Lara tenía una fabrica de pantalones y empleaba a unos 10 sastres. Al momento de la “toma” su madre le pidió que se quedaran en Tenancingo pese al saqueo que la guerrilla hizo a su negocio. Cruza los brazos y dice “me dejaron así y qué hacía con tres niños, la mujer y mi mamá”, lamenta.

Después de esa ocupación los sobrevivientes salieron de la mano de la Cruz Verde con banderas blancas a buscar auxilio, se refugiaron en diversos centros escolares de los municipios cercanos de Santa Cruz Michapa, San Martín y Cojutepeque.

EL PUEBLO FANTASMA

Los recuerdos de los bombardeos

Con la ocupación, los bombardeos y el desplazamiento masivo de sus habitantes, Tenancingo se convierte en un pueblo fantasma, en el que solo viven los guerrilleros que bajan por momentos de Cinquera y otros cerros aledaños.
El éxodo, abandono y posterior repoblación de Tenancingo quedaron registrados en varias fotografías hechas por el italiano Giovanni Palazzo y el salvadoreño Julio Baltazar Cerros.

LOS SOMBREROS DE TENANCINGO

 

Durante la ocupación de 1983 al menos 100 civiles perdieron la vida. La guerra no solo dejó la historia del pueblo fantasma, también hizo que la fuerza productiva de Tenancingo se perdiera, ya que sus famosos sombreros de palma ahora son una artesanía en peligro de extinción.

Con el desplazamiento de más de 3,500 habitantes se fueron los artesanos y dueños de talleres de sombreros. La mayoría se asentó en Cojutepeque y de ahí que piensen que los sombreros son originarios de ese municipio.
“A parte de ser el municipio más grande de Cuscatlán, Tenancingo era uno de los puntos más económicos, porque tenía el sombrero de palma que en esos tiempos era un producto que se exportaba a toda Centroamérica”, describe el párroco de Tenancingo, Mario Díaz.

Su pujante economía fue una de las razones por las que la guerrilla se interesó desde inicios de la guerra en la ciudad. “Sino hubieran puesto ejército estuviera más potente el pueblo, más tranquilo y con más comercio. No se hubiera ido la gente que tenía dinero”, explica Lara Sánchez.

Este 2017 se cumplen 34 años de esa ocupación guerrillera y 25 de la firma de los Acuerdo de Paz, después de tanto tiempo la población cree que el pueblo no ha superado la guerra. Su economía es débil, ya no se generan empleos, la población se redujo.
“Los Acuerdos de Paz no sirven de nada, peor estamos, acá no nos toman en cuenta y eso que hay de gente de todos lados de La Unión, Morazán, hasta de Monte San Juan hay gente. Mire acá yo recogiendo mi huevitos ando para comer”, reclama Juan Lázaro Miranda, originario de Tenancingo.

Algunos habitantes se atreven a decir que la realidad actual de las pandillas es peor que los tiempos de guerra.


“Solo enterramos a mi abuelo y nos fuimos”

Septiembre de 1983, Irma Guadalupe Álvarez de Valle tenía apenas seis años de edad cuando ocurrió la ocupación guerrillera de Tenancingo, Cuscatlán. El suceso que cambió la historia de uno de los pueblos más productivos de antaño del país. “Me acuerdo que nos levantaron y nos pasaron por unas escaleras a donde el vecino”, narra la sobreviviente.
De Valle recuerda que en el bombardeo murió su abuelo y entre todas las mujeres de su familia tuvieron que enterrarlo, “hicieron un hoyo ‘pachito’ porque solo eran mujeres. Después de enterrarlo nos fuimos para Santa Cruz Michapa”, cuenta.
La sobreviviente fue fotografiada por el italiano Giovanni Palazzo junto a otras niñas después de salir de la escuela.


“Este ha sido mi trabajo toda la vida, aquí he criado a mis hijos”

María Rufina Fuentes Mendoza, de 77 años, dice con orgullo que a ella no le gusta ver novelas, “yo paso trabajando todo el tiempo, por eso mejor vivo sola”. La niña Rufina como la conocen en Tenancingo es de los habitantes originarios que han trabajado el sombrero de palma, reconocida artesanía del pueblo. En los tiempos de guerra fue fotografiada por Giovanni Palazzo en su taller de sombreros en el casco urbano. Y aunque no se acuerda del momento exacto de la foto, rápido contesta que ha vivido su vida haciendo sombreros. “Mi madrecita nos ponía seis de tarea y no nos dormíamos sino terminábamos”, cuenta.
En 1983 con la ocupación guerrillera, Rufina se fue con sus hijos a alquilar una casa fuera del pueblo, pero regresó en 1986; sin embargo ya no pudo instalar su taller ahora se dedica a hacer la materia prima para los sombreros.


Calle del mercado municipal vista desde el campanario. Tenancingo quedó abandonado cuatro años, después de la ocupación guerrillera de 1983. La foto fue hecha entre 1984-1986. Créditos:/Julio Baltazar Cerros/Mauro Arias

Un grupo de niños guerrilleros patrulla el casco urbano de Tenancingo, dirigidos por un adulto. Créditos:/Julio Baltazar Cerros/Mauro Arias.

Fachada de la Parroquía Santiago Apóstol Tenancingo, vista desde el parque central. Créditos:/Julio Baltazar Cerros/Mauro Arias.

El pueblo fue bombardeado por la Fuerza Aérea por constantes “tomas” que hacía la guerrilla. Julio Baltazar Cerros fue de los fotoperiodistas salvadoreños en entrar a Tenancingo un día después de la toma del 25 y 26 de septiembre de 1983. Créditos:/Julio Baltazar Cerros/Mauro Arias

María Rufina Fuentes Morales, de 77 años, es una de las artesanas natales de Tenancingo. Ella como todos los habitantes huyeron de su pueblo durante la guerra, pero volvió en 1986 cuando Fundasal promovió la repoblación. Créditos:/Giovanni Palazzo/Mauro Arias.

Tenancingo fue denominado el “Pueblo Fantasma” ya que todos sus habitantes huyeron de la guerra a refugiarse en centros escolares de Santa Cruz Michapa, Cojutepeque, San Martín y otros municipios aledaños. Créditos:/Julio Baltazar Cerros/Mauro Arias

El pueblo permaneció solo durante cuatro años de ocupación, en donde solo se veían guerrilleros por las calles de Tenancingo. Créditos:/Julio Baltazar Cerros/Mauro Arias

Se cuenta que unas 10 familias regresaron en 1986 a repoblar Tenancingo. Acá algunas de las labores de restauración del pueblo. Créditos:/Giovanni Palazzo/Mauro Arias.

La Parroquía Santiago Apóstol Tenancingo sufrió saqueos y fue uno de los puntos en donde se atrincheraban tanto militares como guerrilleros. Créditos:/Giovanni Palazzo/Mauro Arias.

La calle principal de Tenancingo ya repoblado. Sus características calles empedradas se mantienen en la actualidad, así como gran parte de la infraestructura de las casas. Créditos:/Giovanni Palazzo/Mauro Arias.

Los habitantes actuales piensan que esta era una parada de buses, pues reconocen a personas de caseríos del municipio. En esa casa hoy está el cibercafé del pueblo. Créditos:/Giovanni Palazzo/Mauro Arias.

Un grupo de estudiantes posa para el italiano Giovanni Palazzo. Del grupo aún está en Tenancingo Irma Guadalupe Álvarez de Valle, de 38 años, quien recuerda las tomas y la repoblación del pueblo. Créditos:/Giovanni Palazzo/Mauro Arias.

Estos eran los mensajes que había en todo el pueblo, esta es la escuela de Tenancingo. Créditos:/Giovanni Palazzo/Mauro Arias.

Las calles empedradas y la infraestructura de Tenancingo aún se mantienen. Algunos pobladores aseguran que sigue siendo el mismo “pueblo fantasma” de los tiempos de guerra. Créditos:/Giovanni Palazzo/Mauro Arias.

Las casas quedaban llenas de hoyos por las ráfagas de balas. Muchas de las estructuras se han mantenido intactas, otras apenas en reconstrucción. Créditos:/Giovanni Palazzo/Mauro Arias.

Unas 3,500 personas se fueron de Tenancingo durante la guerra. El pueblo permaneció solo hasta 1986 con la ayuda de FUNDASAL y una religiosa extranjera. Créditos:/Giovanni Palazzo/Mauro Arias.

La coneja, así apodaban a este hombre que posó para Giovanni Palazzo durante la repoblación de Tenancingo. Las personas consultadas aseguran que está vivo pero ya no reside en el pueblo. Créditos:/Giovanni Palazzo/Mauro Arias.

Mario Surio