Arriba

Los hijos de los Acuerdos de Paz

CINCO JÓVENES SALVADOREÑOS NACIDOS en la década de los 90 hablan sobre lo que el conflicto bélico significó para sus familias y opinan sobre lo que se logró y no se logró con la firma de la paz.

Por Karla Arévalo

Lo más humano que concibió la guerra en El Salvador fueron los Acuerdos de Paz; aunque incompletos para unos y necesarios para otros, lograron frenar la intolerancia y la crueldad del conflicto bélico. El Diario de Hoy entrevistó a tres jóvenes nacidos  en 1992, uno en 1990 y otro en 1994. Ellos coinciden en que el panorama de 2017 no es diferente al que hubo durante la guerra que cubrió de sangre el país durante doce años.A sus 24 años, Héctor Salazar cree que la guerra no terminó con los Acuerdos de Paz. Solo cambió de nombre: “Como no hay disparos ni tanquetas en las calles la gente cree que hoy no estamos en guerra. Estamos en una guerra social”.  La familia de Héctor huyó de Ciudad Delgado durante la guerra, pese a que ningún lugar les parecía seguro.  Hoy, el joven lamenta los resabios que dejó el conflicto armado en su familia; pero lamenta aún más la carga de violencia con la que miles de jóvenes sobreviven a diario en un país que  firmó la Paz hace 25 años.A estos jóvenes los unen las anécdotas de sus padres, que vieron al país levantarse  entre sangre y escombros. Sin embargo, creen que la oportunidad de reconstruir el país no contempló mecanismos de justicia y perdón entre víctimas y victimarios.Hoy los salvadoreños relatan miles de historias de guerra, algunas llenas de errores. Los jóvenes consideran que el país aprendió poco del conflicto y de sus consecuencias.

Héctor Echegoyén, Estudiante de Ciencias de la Comunicación.

Ficha
Nombre: Héctor Echegoyén. Edad: 22 añosUniversidad: Dr. José Matías Delgado.Carrera Ciencias de la Comunicación.

“No se crearon planes de reinserción para los exsoldados y exguerrilleros”

Ricardo y Gloria, los abuelos de Héctor Echegoyén, regresaban una tarde de dejar pan caliente a la finca Mirasol cuando, de los matorrales, salieron más de cinco hombres con el rostro cubierto. Ellos obligaron a los esposos a detener su marcha. Les robaron el dinero y el vehículo; Ricardo y Gloria les suplicaron por sus vidas. No los asesinaron pero el matrimonio caminó  ocho kilómetros y más de dos horas para llegar a la ciudad de Santa Tecla.Los Echegoyén tenían una panadería que distribuía pan en Santa Tecla, San Salvador y Chalatenango.No solo ese relato cuenta Héctor de 22 años, también explica cómo uno de sus tíos libró la muerte que representaba ser combatiente durante la guerra.  El tío de Héctor fue soldado del Ejército Nacional. En una ocasión, él y catorce soldados más descansaban en un lugar apartado de un pequeño pueblo de Chalatenango. Ahí fueron atacados por una cuadrilla de guerrilleros que habían tomado el pequeño pueblo.“De esa batalla sobrevivieron dos. Mi tío y un compañero de él, pues ambos se tiraron por una quebrada”. El tío de Héctor logró llegar a la “base” y cuando regresaron por los demás soldados, ya habían sido asesinados. El joven ha leído sobre los estragos que ocasionó la guerra en El Salvador. Ante los Acuerdos de Paz que pusieron fin a ese conflicto, Héctor considera que aunque fueron necesarios para cesar el fuego:  “No crearon planes de reinserción para ex guerrilleros y ex combatientes. No hubo empleo para ellos. Varios se hicieron pandilleros, otros emigraron a otro país.  Muchos de ellos no tenían ni estudios”. Él cree que los únicos beneficiados de la firma de los  Acuerdos de Paz fueron los líderes que lo promulgaron.“La gente que quizá no quería negociar es porque querían seguir combatiendo y esto se da porque tenían un ideal. Al final se negoció porque era lo que más convenía”.Héctor dice que de haber continuado la guerra varios de los que hoy son diputados no estarían en la Asamblea Legislativa y mucho menos vivos. El joven salva a su generación del desinterés por la historia; mas condena a los jóvenes nacidos a inicios del 2000.“Ellos tienen poco conocimiento de la guerra. Si vas a cualquier colegio y preguntas a un niño de 8° o 9° grado, es algo que quiere olvidar”. Eso, según Héctor beneficia al gobierno.  “A parte de la enseñanza mediocre que dan en las escuelas. Héctor ve poca esperanza en los jóvenes, pues a su parecer pocos quieren cambiar el rumbo del país.

 

Ileana Corado, estudia Derechos Humanos y Cultura de Paz en la Universidad de El Salvador.

Ficha
Nombre: Ileana Corado. Edad: 24 años. Universidad: Estudió periodismo en la Universidad de El Salvador. Actualmente estudia una maestría en Derechos Humanos y Cultura de Paz en la misma universidad.

El perdón no se contempló en los Acuerdos de Paz

Ileana Corado nació 14 días antes de la firma de los Acuerdos de Paz. Ríe al recordar a su madre quien la llama una joven “tranquila” por la fecha en que nació. En los años más crueles de la guerra, los padres de Ileana buscaban un refugio dónde ponerse a salvo, pero cada lugar era un peligro. “Dejar tus cosas, tu día a día… Desligarte de lo que es tuyo sin duda marca”.Ella ha vivido entre las anécdotas de la guerra relatadas por su padre y su abuelo. “Mi papá trabajaba carretera a Santa Ana. A veces no podía retornar (a casa)”. Durante el conflicto se implantó el “toque de queda”: nadie podía salir a las calles después de las siete de la noche. El abuelo de Ileana también abandonó su hogar en el municipio de San Martín, en San Salvador. Además perdió su ganado: “Las vacas, las gallinas… debió movilizarse”.A Ileana le hablaron más de la guerra, los libros que la escuela. Ella estudió periodismo en la Universidad de El Salvador.Aunque a través de la educación, los estudiantes conocen de historia, para Ileana es más importante ser autodidacta: leer, documentarse, hablar con la gente. Sobre todo en un país donde “la educación tiene debilidades en torno a la historia”. Hoy estudia una maestría en Derechos Humanos y Cultura de Paz en la misma universidad.Ella califica el proceso de Paz en El Salvador como una “negociación conflictiva” de la que no habla la historia: “Había sectores muy interesados en mantener el conflicto…”. Intereses, según Ileana, económicos. Pese a ello cree que llegar a un acuerdo, aunque fuese “débil”, era necesario.Ileana opina que el Acta de los Acuerdos de Paz no contempló la reconstrucción de El Salvador. “Faltaron elementos para lograr que los sectores se reinsertaran. La sociedad necesitaba contemplar mecanismos de justicia”. El perdón no se contempló de raíz. Esa fue otra de las debilidades, según la joven, quien cree que hay injusticia e impunidad entre víctimas y victimarios de la guerra.En el castillo de Chapultepec, además de la firma de los Acuerdos de Paz, se acordó la creación de la Comisión de la Verdad. Una entidad que investigó los crímenes de lesa humanidad ocurridos entre 1980 y 1991. Ileana considera que el resultado es una muestra de la crudeza de la guerra. Esto, pese a que el informe no reconstruyó todos los casos de violación de los derechos humanos.A 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz, Ileana aún cree que la historia le debe mucho a la sociedad salvadoreña. Pues “no nos pinta las cosas como son”.Ileana es una excepción en su generación. “Pocos meditamos y analizamos lo bueno, lo malo, lo feo o las debilidades del acuerdo; que tiene mucho que ver con la realidad que hoy vivimos”. La joven cree que la búsqueda de la verdad pasa a segundo plano. “Al final vos construís tu criterio o tu versión de los hechos, en la medida en que conozcas más de la historia”.Ileana considera que los jóvenes de su generación son “los hijos de la guerra”. Además de los sobrevivientes.

 

Miguel Martínez Martínez, estudiante de Comunicaciones.

Ficha
Nombre: Miguel Martínez MartínezEdad: 24 añosUniversidad: Dr. José Matías Delgado Estudia Ciencias de la Comunicación. Nació el 29 de julio de 1992.

“Los Acuerdos de Paz fueron una solución incompleta”

Eran las 11 de la noche. En los tiempos de la guerra, nadie podía salir a la calle después de las siete de la noche. Solo un milagro llevó con bien a la madre de Miguel Martínez al Hospital Nacional de Maternidad, el 13 de diciembre de 1980.Un camión militar bajaba la cuesta del Inframen en San Salvador. Ante la desesperación de José Ernesto por llevar a su esposa al hospital, quiso hacerle parada, pero Vilma, su esposa, se lo impidió. Ella temía por la vida de ambos y por el peligro que implicaba subirse a un camión estando con dolores de parto.  Los futuros padres, Vilma de Martínez y José Ernesto Martínez, llegaron al hospital gracias a que un joven desconocido irrespetó el toque de queda. El “muchacho”, como Vilma lo recuerda, tomaba sopa y bebía un par de cervezas en un comedor cerca de su casa. Nunca supieron el nombre del joven ni lo que ocurrió con él luego que este los llevara al hospital pese al riesgo. Vilma dio a luz la madrugada del 14 de diciembre de 1980.“Conozco lo difícil de la guerra por mis padres”, dice Miguel Martínez, quien nació seis meses después de la firma de los Acuerdos de Paz.Los padres de Miguel son católicos. En la guerra, como ahora, asistían a reuniones religiosas. “Hubo un tiempo en el que cancelaron todas las reuniones. No era posible hacerlas por los toques de queda”, relata Miguel.  El joven estudia comunicaciones en una universidad privada. Él considera que los Acuerdos de Paz fueron “una solución incompleta”, además de ser un proceso difícil de concretarse. Eso le ha decepcionado. “Los efectos sociales, las ideologías. El que te encasillen en un lado (derecha) o en otro (izquierda) denota poca madurez en el proceso postguerra”. La principal razón por la que hubo negociación, según Miguel, es porque la Fuerza Armada y la guerrilla no podían durar más tiempo en contienda. “Eran 12 años. Ellos sabían que no les daría ningún fruto continuar. Eso pese al clamor de la sociedad que pedía que El Salvador parara esa lucha”. Una lucha, que según el joven, sumió al país en un retroceso de desarrollo.Al analizar a su generación, Miguel se siente inconforme. “Hay un problema grave. Se está estudiando solo para pasar Sociales o la PAES. No nos quedamos con nada”. Él considera una fortuna no haber nacido durante la guerra. Sin embargo, cree que otros jóvenes como él, que no nacieron durante el conflicto sino en los años posteriores a la firma de los Acuerdos de Paz, no tienen conciencia de la historia del país.“La educación y la cultura son las responsables del desinterés”, dice ante el poco conocimiento del proceso de Paz que tienen los jóvenes de su generación.  Miguel cree que las instituciones educativas no han abordado de forma seria la falta de conocimiento histórico de las nuevas generaciones. “Se piensa incluir una materia sobre los Acuerdos de Paz. No confío en que sea objetiva”. Miguel cree que los salvadoreños están más interesados en otras culturas que en la propia. “Algunos padres le cuentan a sus hijos lo ocurrido durante la guerra y cómo se puso fin a través de los Acuerdos de Paz… Pero esos hijos están más preocupados por otras cosas. Así es difícil”.

 

Emerson Orellana, empleado.

Ficha
Nombre: Emerson Orellana. Edad: 26 años. Oficio: Empleado de una empresa privada en Santa Tecla.

“No se cumplió el propósito por el cual muchos pelearon: abolir la injusticia”

En 1979 el país estaba a punto de iniciar una guerra a sangre fría. Un veinteañero vio esos días cómo decenas de salvadoreños corrían desesperados hacia la Catedral de San Salvador para salvar sus vidas. Eran parte de una manifestación disuelta con violencia. Unos murieron de inmediato. Otros sangraron hasta morir. Merarí Pérez, aquel joven, había perdido a su tío a manos de la Guardia Nacional. Su hijastro Emerson Orellana escucha siempre atento sus historias: “Él me cuenta que decidió ser guerrillero luego que mataran a su tío. Eso le dolió profundamente”.Pérez huyó de un pueblo en Sonsonate donde dejó a su familia para ser guerrillero. El 8 de mayo de 1979, minutos después del tiroteo cerca de  Catedral, Pérez vio al jefe de su cuadrilla tomar el micrófono del templo y gritar: “¡Que la prensa internacional sepa lo que ha ocurrido!”. Pero el disparo de un arma militar enmudeció la bocina.“Las historias de mi padrastro y las que cuenta la propia guerra hicieron necesaria una negociación”, dice Emerson, quien nació dos años antes de que El Salvador dejara las armas y firmara la Paz.“No se cumplió el propósito por el cual muchos pelearon: abolir la injusticia”.  Él considera que, como en toda guerra, hubo muchos intereses. Muy pocos de los combatientes durante la guerra continúan creyendo en “pajaritos preñados”. Ellos, según el joven, dejaron de tener líderes hace mucho tiempo. Pero pocos dejaron de ondear banderas político- partidarias.“Lo que creo que se logró con los Acuerdos de Paz fue saborear un poco la libertad de expresión”. Emerson dice estar consciente de que El Salvador, 25 años después de firmar la Paz, no aprendió de la guerra. “Siguen callando y siguen olvidando”. El joven admira a un líder religioso del que dice haber aprendido que la Paz no se logra sin disposición personal. “Para poder lograr la paz cada uno debe ser actor de un ambiente en el que hable no solo nuestro testimonio en bien, sino nuestros actos”, cita el joven al líder religioso. Emerson cree que actualmente los jóvenes están poco interesados en conocer la historia de El Salvador. Pues la facilidad que da la tecnología para enriquecer el conocimiento está siendo utilizada para “banalidades”. “El conocer de la guerra sirve para evitar cometer los mismos errores del pasado y que hoy, nos están llevando por rumbos equivocados”. Insta a su vez a ser autodidactas: “Yo estudié sólo en escuelas públicas. El sistema no funciona bien. Ante esa opción, decidí empezar a leer y a escuchar”.

Alejandro Ibarra