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Óscar Santamaría: “Hablar de paz en medio de la guerra era un anatema, pero se hizo”

Oscar Santamaría fue el coordinador de la delegación del gobierno para las negociaciones con la guerrilla del FMLN. 25 años han transcurrido desde la firma de los Acuerdos de Paz y aún tiene frescos en su mente todos los momentos tensos, álgidos y extenuantes que se vivieron durante los 28 meses, que según recuerda, duró el proceso de diálogo y negociación.

 

Asegura que la firma de los acuerdos fue lo más fácil y que lo complejo y extenuante se vivió a lo largo de la decena de reuniones que iniciaron el 15 de septiembre de 1989, en México. Recuerda que en noviembre de ese año, en momentos en que estaba prevista la reunión en Caracas, Venezuela, la guerrilla lanzó la ofensiva final ‘Hasta el Tope’, lo que supuso un rompimiento total de las negociaciones y puso en peligro el ideal trazado por el entonces presidente Alfredo Cristiani, de terminar con los 12 años de guerra, de destrucción y de muertes de vidas humanas.

Aún y con esa acción de la guerrilla, el gobierno mantuvo su propuesta de continuar con las negociaciones, y con el respaldo de la ONU y de los presidentes de Centroamérica, el FMLN se vio obligado a regresar a la mesa de diálogo, dice Santamaría. Así nació el histórico pacto.

A 25 años hay dudas o firmeza de que firmar los Acuerdos de Paz, fue la mejor decisión que se tomó en aquel momento?

Hacer valer la fuerza de la razón es lo que debíamos haber hecho siempre en el país y no la fuerza de las armas; por lo tanto, al hablar ahora a 25 años en que se conmemora esa fecha trascendental del 16 de enero de 1992, donde en el castillo de Chapultepec en México, suscribiéramos los acuerdos de paz, ha sido el paso más trascendental en la historia política reciente de El Salvador.

Sí, considero que ese paso que se dio fue después de todo lo que significó dolor, tragedia, sangre para la sociedad salvadoreña.

Al hablar de que la solución al conflicto armado fue la base de una solución política negociada, se impuso en ese momento lo que era la voz del pueblo, que pedía que el conflicto terminara, dándole a la sociedad salvadoreña la posibilidad de poder reencontrarse en un marco de iniciar una etapa de convivencia armónica y pacífica. Ese momento no fue fácil, fue complejo, dificilísimo, pero se reconoce que debe de haber solución a ese conflicto.

Cuando nosotros dimos el paso de buscar la paz estaba la guerra en pleno desarrollo; hablar de ese tema en medio de la guerra era un anatema, pero eso fue lo que hizo, buscarle en el momento más cruento de la guerra, una solución que pudiera llevarnos a la paz poniéndonos de acuerdo las partes que aparecían en el escenario del conflicto armado.

Habrá que decir que 12 años de guerra es hablar de un golpe muy duro, muy fuerte para la población. Todos hablaban que la mayor parte de víctimas eran civiles, es decir, la cuota más grande de la guerra la pagó la sociedad salvadoreña.

¿Hubo momentos en que se pusieron en riesgo las negociaciones?

Ya veníamos de la reunión de Costa Rica y veníamos hablando en el avión, y había una gran cantidad de periodistas y les pregunto yo: ¿Y qué pasa que vienen todos ustedes de nuevo con nosotros? Es que va ocurrir un acontecimiento grande, es lo único que me dijeron los periodistas.

Se preparó la tercera reunión de Caracas, que era en noviembre, cuando el 11 de noviembre estalla la ofensiva final. Ahí sí yo pude deducir lo que me había dicho el periodista en el avión, que en El Salvador va ocurrir un acontecimiento grande, enorme que va a significar mucho para el país; definitivamente era el lanzamiento de la ofensiva que nos envió a nosotros como mensaje que ahí se rompía definitivamente la mesa de diálogo como efectivamente ocurrió; sin embargo, a pesar de la ofensiva el gobierno honró su palabra en estar presente en Caracas en la fecha en que se había dicho para continuar el diálogo.

O sea que en la fecha que estaba prevista la reunión de Caracas, el FMLN lanza la ofensiva hasta el tope?

Acordémonos que la ofensiva duró como seis, siete días, y comprendió la fecha en que el FMLN debería de estar en Caracas, lo que nos demostró de nuevo que la oferta de diálogo y de paz que había hecho el presidente Cristiani, había sido tomada por la guerrilla nuevamente como un recurso táctico. O sea jugando a la paz y haciendo la guerra. Claro, los efectos de eso fue devastador para el país, sobre todo porque fue la ofensiva más sangrienta de toda la guerra y fue la ofensiva con mayor cuota de sangre. Nosotros presentes en Caracas, nos recibió el presidente Carlos Andrés Pérez, y lamentó él grandemente que el FMLN no se hubiese presentado y lo que era peor, que hubiere roto la mesa de diálogo con la acción armada que lanzó en todo el territorio del país.

Ya en El Salvador quedamos pendientes de que era lo que podría ocurrir a partir de ese momento, la mesa estaba rota, el diálogo había fracasado y no había más de qué hablar, lo que significaba era lamentar los estragos de una guerra y los costos que significaba. Los costos de la guerra que siempre han sido los peores en todo sentido: pérdida de vidas humanas y destrucción, eso era lo que significaba continuar con la guerra.

¿Se alentó la desconfianza en que el proceso de diálogo pudiera continuar?

El gobierno había ido a una mesa de diálogo creyendo en una voluntad real y creíble en la guerrilla y habíamos encontrado una respuesta totalmente al revés. Entonces había preocupación en el gobierno del porqué se había llevado un proceso con toda la voluntad política para llegar a feliz término y que esa posibilidad pudiera fracasar por esa acción de los alzados en armas guerrilleros que habían echado por tierra la mesa de diálogo. El gobierno hizo su propio juicio de valor y dijo que ese era el principal punto de la agenda del plan de gobierno del presidente de la República, Alfredo Cristiani, y de su administración. El presidente mantuvo su posición y voluntad política de seguir con los Acuerdos de Paz. Fue así que el presidente Cristiani tuvo el respaldo de todos los presidentes de Centroamérica que habían suscrito convenios y tratados importantes como fueron Esquipulas I y Esquipulas II. El poder contar con el respaldo de los presidentes centroamericanos fue fundamental. Los presidentes le dijeron a Cristiani que ellos se sumaban a la petición que le hiciera al secretario general de Naciones Unidas para tener la presencia a lo largo del proceso como parte de esa gestión de buenos oficios; eso le dio una fortaleza y un peso enorme a la posición del gobierno de El Salvador y el presidente Cristiani lo hizo.

¿Cuál considera como de los principales logros en las negociaciones?

La propuesta de derechos humanos, que por cierto no fue propuesto por la guerrila, sino que fue propuesto por el gobierno, y así lo tiene considerado Naciones Unidas. Ese es uno de los que yo llamo acontecimientos más grandes, porque el FMLN que nunca había querido reconocer las violaciones a derechos humanos que ellos habían cometido y que eran bastantes, porque eran violadores de los derechos humanos del pueblo; entonces, nunca había podido el gobierno demandar a la guerrilla ante una instancia internacional porque no eran una institucionalidad formal, ellos eran un movieminto de fuerzas guerrilleras irregulares, pero a partir de ese momento que ellos firmaron sí se convertían en una parte que podría considerarse como responsabilidad institucional al firmar un acuerdo de este tipo. Entonces la balanza que solo estaba cargada en el lado del gobierno se cargaba también al otro lado en violaciones a derechos cometidos por uno y otros, de ahí lo grande y trascendente de ese acuerdo. Eso causó terremoto al interior del FMLN, eso casi rompe el diálogo porque los primeros que cuestionaron, criticaron y casi descalificaron a sus representantes fue la guerrilla, porque ellos decían: ‘no los hemos mandado a eso y ustedes porqué resultan con un acuerdo así y ahora se nos va aplicar a nosotros’; vieron que la tortilla había dado vuelta y que ahora las cosas se ponían de otro lado.

¿Causó terremoto dentro del FMLN?

No le cayó en gracia a la guerrilla. A partir de ahí cambia el rumbo de la guerra, ese es el otro punto a destacar. Porqué? Porque si usted está diciendo que va a respetar los derechos humanos en medio de una guerra y tiene responsabilidades que ha asumido, su actitud va a ser otra, su comportamiento va a ser otro. Por eso se cree y las Naciones Unidas así lo dice, que ese es el punto de inicio de ir reduciendo los niveles de confrontación de la guerra y de poderle dar un giro a las acciones de la guerra en favor de priorizar los intereses de la sociedad civil que estaba en medio de las violaciones de derechos humanos producto de un conflicto armado.

¿Cual considera el punto o el momento más álgido o intenso dentro de las negociaciones?

Desde el 2 de abril que nos reunimos en México hasta el 28 de abril de 1991, día y noche trabajamos en el Distrito Federal haciendo todo un manejo de ese material de todo lo que había significado posiciones de una y otra parte, sacar los acuerdos y llevarlos a la Asamblea Legislativa que terminaba su periodo el 30 de abril y poder conocerlos la Asamblea. Fue para mí la etapa más intensa que yo viví a lo largo de los dos años y medio (28 meses) fue la etapa más larga y más compleja que se vivió del proceso porque estábamos tocando el tema que se llama Constitución de la República, y para tocar el tema Constitución de la República no es una discusión ni fácil, ni superficial, ni sencilla ni nada por el estilo, fue una discusión profunda, de fondo para definir qué era lo que íbamos a reformar de la Constitución. Ahí surgió el tema Fuerza Armada. Ministerio Público, sistema judicial, el tema político electoral, surgió también la prevalencia del poder civil sobre el poder militar, todo esa temática fue abordada en su contenido y como resultado se dieron los acuerdos de México de 1992, que el 29 fueron trasladados a San Salvador y conocidos el 30 de abril, el último día para que fueran aprobados en la primera legislatura, la primera aprobación.

¿Fue una jornada intensa y de mucha tensión?

Costó, yo diría, lágrimas, costó horas de sudor, de trabajo, de tensión, de nerviosismo de todo lo que se pueda imaginar, porque yo considero fue el primer punto gordiano que estuvo a punto de romper el proceso, el proceso se iba a romper ahora no por las armas, se iba a romper porque no había posibilidad de ponerse de acuerdo con los alzados en armas en dos cosas que ellos pidieron: La desaparición de las Fuerzas Armadas y la reforma del sistema constitucional, poniendo en discusión todo el articulado de la Constitución, incluyendo las normas pétreas que ellos decían que debían de derogarse y hacer una nueva Constitución. Ahí quedó anclado ese tema y el día último que había para la discusión les dijimos a la guerrilla: ‘si esto persiste en ustedes se rompe el proceso y la delegación del gobierno regresa a San Salvador’. Pidieron un time (tiempo); ese time duró seis horas. Ya era la medianoche cuando llegan y nos dicen: ‘retiramos las dos cosas’; entonces, aceptaron la reforma puntual, que era la revisión de artículo por artículo en los casos en que procediera.

¿A 25 años parece difícil a los políticos ponerse de acuerdo en los temas de país?

El ponerse de acuerdo no fue fácil para nosotros, fue escabroso, difícil. Es lo que hemos dicho, pensamos que hay que rescatar el espíritu de Chapultepec que dio paso a la razón, que privilegió el interés de toda la sociedad y no el de un sector o partido en particular, eso fue lo que hizo Chapultepec; entonces, por qué no de nuevo rescatar y traer a cuenta ese espíritu con el que se trabajó. Y creo que tampoco es bueno etiquetar las cosas. El FMLN es muy dado a etiquetar las cosas de que ellos fueron los responsables de la paz, no es cierto, la paz se hizo aquí porque lo quiso la sociedad salvadoreña, sin el apoyo de la sociedad salvadoreña no hubiera nada de paz.

Armando Bonilla