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Lo que no se logró con los acuerdos fue la reconciliación nacional

Andreu Oliva: “Lo que no se logró con los acuerdos fue la reconciliación nacional”

El rector de la Uca, un sacerdote jesuita de origen español, hace un balance de los acuerdos de paz y señala los puntos que se han cumplido y los que están pendientes, así como los fallos y aciertos.

por Katlen Yaneth Urquilla

Lo que no se logró con los acuerdos fue la reconciliación nacional

Para Andreu Oliva, quien desde 2011 es rector de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), una de las deudas de los Acuerdos de Paz es la reconciliación nacional y señala que ese y otros temas que no se han cumplido tienen impacto en la vida nacional 25 años después de la firma de la paz.

El sacerdote jesuita hace una retrospectiva de ese pacto que cambió el rumbo del país, pero también analiza la coyuntura actual y apunta que no ve un clima de entendimiento entre las principales fuerzas políticas, sino más bien una actitud infantil y que ello genera un gran descontento en la población.

A 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz, ¿cuál es la valoración que hace de ese pacto entre gobierno y guerrilla?

Yo me referiría en concreto a los acuerdos de paz que se firmaron el 16 de enero de 1992. Yo creo que el balance es positivo, los acuerdos lograron dos de sus importantes aspectos que era: finalizar la guerra y generar condiciones para la democratización del país, y la participación de las dos fuerzas políticas en la vida nacional. Esos dos aspectos se lograron y se han mantenido a lo largo de estos años.

Lo que sí no se logró es, por un lado, la reconciliación nacional de la que sí se hablaba en los Acuerdos de Paz, y el que no quedaran en la impunidad las violaciones a los derechos humanos que tuvieron lugar en el conflicto y, por otro lado, hay un aspecto que no estaba contemplado en los Acuerdos de Paz que se firmaron, aunque hubiera sido deseable que estuviera, y es construir un país basado en la justicia social y allí es donde creo yo que tenemos un déficit importante y un aspecto muy relevante para el futuro del país.

Usted decía que ha faltado la reconciliación nacional, pero ¿qué otras deudas ve usted que han quedado de esos acuerdos que no han cumplido ambas partes?

Lo que no han cumplido ambas partes es, por un lado, seguir las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y el acuerdo en que no iban a quedar en la impunidad los crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra que tuvieron lugar en el conflicto. Hasta ahora las recomendaciones de la Comisión de la Verdad no fueron respetadas como se decía en los acuerdos que se iban a cumplir, tal como la Comisión hiciera sus recomendaciones y, por otro lado, los crímenes de guerra y de lesa humanidad han quedado en total impunidad a lo largo de estos 25 años, primero porque se aprobó la Ley de Amnistía de 1993 para la consolidación de la paz y luego porque a lo largo de estos años no hemos visto que haya un interés para avanzar en este tema.

Yo creo que los Acuerdos de Paz respondían a un conflicto que se dio entre el Estado que estaba en función de las fuerzas políticas y económicas que tenían el control del país y, por otro lado, a una población que siente que no tiene sus derechos democráticos, que no tiene sus derechos humanos, que reclama unas mejores condiciones de vida y eso es lo que da origen al conflicto armado. Eso no se atiende en los Acuerdos de Paz y más bien se habla del Foro Económico y Social y se dice que allí se va a discutir, pero ese foro tiene una vida muy corta y no logra avanzar en ese sentido.

Los Acuerdos de Paz no lograron cambiar las estructuras sociales del país, aunque tampoco era parte de lo que se acordó, pero eso ha tenido una gran repercusión en la historia de estos 25 años posteriores, porque durante los gobiernos de ARENA lo que se hizo fue profundizar las políticas neoliberales y esas políticas crearon en el país una situación de mayor marginación de una parte de la población; obligaron a muy buena parte de la población a salir del país en búsqueda de alternativas para poder mantener a sus familias o para poder tener un empleo y una vida más digna. Por otro lado no se han generado estructuras en el país que supongan una mayor redistribución de la riqueza, una inversión social y la incorporación de este 30 o 40 % de la población que vive en zonas marginales, que trabaja de manera informal, que no tiene acceso a las redes de protección social.

En aquel momento firmar la paz suponía perdonar varios hechos. ¿Cree que ha habido un verdadero perdón o han quedado heridas abiertas?

Al firmar la paz si alguien estuvo ausente fueron las víctimas, aquellas personas que sufrieron ese conflicto y que fueron víctimas de alguna de las partes o de ambas, eso estuvo fuera de los Acuerdos de Paz y no participaron ni fueron tenidos en cuenta. Estas heridas han quedado abiertas porque no se propusieron caminos sobre cómo sanar esas heridas a esta parte de la población y tampoco se propusieron caminos de reconciliación.

Los Acuerdos de Paz lo que buscaron fue la incorporación a la vida civil o política de las partes en conflicto de miembros de la Fuerza Armada y miembros de la guerrilla, pero la población civil fue totalmente marginada de esos acuerdos y de esas ayudas que el Estado tuvo que haberles dado porque fueron afectados de ese conflicto.

Hubo poblaciones que regresaron de los refugios y el Estado no les ayudó ni siquiera para que tuvieran una vivienda o para que pudieran rehacer sus viviendas, todo eso lo tuvieron que hacer con ayuda de la cooperación internacional y cuerpos humanitarios.

¿Cuál ha sido el impacto en la actualidad de lo que no se ha cumplido de los Acuerdos de Paz?

Un impacto es que, por un lado tenemos una sociedad que está dividida, pero no sólo a nivel ideológico, sino en sectores con muy distintas oportunidades, derechos sociales y económicos. Un grupo minoritario que sigue teniendo acceso a una gran parte de los recursos del país y un grupo mayoritario que vive en condiciones de mucha precariedad, de muchas limitaciones, de pobreza y exclusión. Esa situación de precariedad, de vulnerabilidad social ha generado la posibilidad del fenómeno de las pandillas. Han sido estas personas, sobre todo jóvenes, sin oportunidades las que fácilmente han sido captados por las pandillas y se han incorporado a estos grupos delincuenciales.

Y debido a que hubo impunidad con el tema del conflicto y con todos aquellos que causaron violaciones a los derechos humanos, este proceso de impunidad ha seguido y no se ha fortalecido el sistema de justicia para desalentar a la delincuencia.

Pero hay quienes dicen que el fenómeno de las pandillas no debería relacionarse directamente con el conflicto armado, porque hay países que han tenido conflictos y no tienen pandillas, y países que tienen pandillas y no han pasado por un conflicto.

Sí, eso es verdad, pero hay varios elementos y no digo que este sea el elemento fundamental, es un conjunto de elementos como el hecho de que hubo gente que estaba en las pandillas en EE. UU. y fue traída al país, pero el hecho de que los Acuerdos de Paz no abordaran cambios estructurales en el país, no se propusieran mejorar las condiciones de vida y que no hubiera un sistema de justicia fortalecido, eso sin duda ha contribuido a que estas pandillas pudieran crecer; y el hecho también de que no se atendiera debidamente a la población que había sido formada para la guerra…

rector de la Uca

A 25 años después de firmar la paz, ¿ve usted que hay un clima de entendimiento, de diálogo en el país para afrontar los problemas más acuciantes del país?

Yo diría que no, que de ninguna manera hay un clima de entendimiento ni de diálogo, sino un clima de mucha polarización y vemos que casi se les fuerza a ir a las mesas de diálogo, pero en cuanto pueden se levantan y no vuelven a encontrarse. Eso muestra una gran irresponsabilidad de parte de las fuerzas políticas de nuestro país. Ahora, yo diría que en aquel entonces no hubo un clima de diálogo tampoco entre las fuerzas… se llegó al diálogo a la fuerza porque las partes en conflicto fueron forzadas al diálogo por distintas razones, una de ellas fue porque el gobierno y el Ejército perdieron ayuda… También el asesinato de los jesuitas hizo que en Estados Unidos, y sobre todo en Europa, se viera a El Salvador como un país irracional y hubo mucha presión internacional para que se encontrara ese diálogo. A nivel nacional hubo mucha presión externa para que las partes en conflicto dialogaran, no fue algo que surgió de un interés en ellas.

¿Cree que esa presión externa sea necesaria ahora para que se sienten a dialogar las principales fuerzas en el país?

Yo creo que la presión externa siempre puede ayudar, pero me parece muy triste que tengamos que recurrir a la presión externa; yo creo que la presión debe ser interna, de la sociedad, que obligue a las fuerzas políticas y a los sectores económicos y sociales a sentarse a dialogar, y eso lo vemos porque hay un gran descontento de la sociedad respecto al actuar de las fuerzas políticas, y me parece que mucho de ello se debe al comportamiento y la confrontación que éstas han tenido a lo largo de estos años; la población quisiera un mayor entendimiento entre ellas y por eso va perdiendo la confianza en estos políticos.

¿Cree que falta un liderazgo más tenaz para generar un mayor entendimiento?

Yo creo que falta esa tenacidad, ese deseo, esa convicción de que el país no tiene solución si no es a través de ponernos de acuerdo, de llegar a consensos, de poder plantearnos un proyecto de país, de ver la necesidad de dejar a las próximas generaciones un país mejor en el que podamos vivir en paz y del que nos sintamos orgullosos. Veo una indiferencia creciente de la población de cara a las situaciones políticas que se están dando en el país. Si surgieran liderazgos que defendieran con fuerza estas opciones y tuvieran la autoridad moral para atraer al resto de grupos a buscar este diálogo sería mucho más fácil; ciertamente me parece que los líderes que tenemos en el país no tienen esa convicción de que es necesario buscar el diálogo ni se esfuerzan lo suficiente para sacarlo adelante, parecen más bien como niños que juegan al fútbol y por cualquier cosa se pelean y luego deciden volver a jugar, pero en el primer conflicto vuelven otra vez a dejar el diálogo y eso es muy triste y preocupante.

Mario Surio