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Narcotráfico y pandillas, origen de la violencia de postguerra / Carlos Carcach

La violencia no vino con la guerra, ni la firma de los Acuerdos de Paz la eliminó. El doctor Carlos Carcach, quien ha estudiado el impacto de este fenómeno en la economía, considera que El Salvador “siempre ha sido un país violento”. Según sus estudios, el país ha tenido una tasa promedio histórica de 40 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Lilian Martínez

La sociedad salvadoreña aún varios problemas pendientes de solución, considera el académico e investigador Carlos Carcach.  foto edh / GersOn Sánchez

“Casi todo lo malo que pasa en este país en materia de seguridad es asociado con las pandillas. Pero no se dice mucho del narcotráfico”.

“Eso es altísimo. Quiere decir que vivimos en una sociedad de violencia”. Esa violencia, según Carcach, ocurre dentro de las comunidades y las familias “porque tiene que ver con cómo los seres humanos resuelven los conflictos”. Las disputas por tierras y los problemas sentimentales también originan conflicto y, por ende, violencia.

Pero la violencia que se vive actualmente, en su opinión, tiene una característica particular: “Tenemos en los homicidios esa mescolanza, porque aparecen muertes de pandilleros y muertes de policías. Eso tendría que clasificarse como defunciones o muertes debidas a operaciones policiales”.

 

EDH: En 2015 hubo 6,656 homicidios y el año pasado 5,278. ¿Podríamos decir que en los últimos dos años hemos tenido tantas muertes como en un conflicto?

Sí. Yo soy de los que piensan que estamos ante un conflicto de carácter social. Un conflicto de carácter social que lastimosamente no hemos podido manejar adecuadamente. Entonces, ahora los nuevos actores de esa guerra son las pandillas.

 

A 25 años de la firma de los Acuerdos ¿no vivimos en paz?

Es una apreciación muy personal: los Acuerdos de Paz lo que significaron fue la interrupción del enfrentamiento armado entre el FMLN y el gobierno.

Lastimosamente en las experiencias pasadas de la historia salvadoreña los grandes problemas no fueron tratados adecuadamente. El Acuerdo de Paz fue un acuerdo político. Todos entendemos que algo como esto no puede entrar en detalles de muchas cosas, pero dejó por fuera lo que podría haber estado detrás de las demandas de quienes decidieron acompañar al FMLN durante la guerra. Porque ya no puede decir uno que esas demandas eran del FMLN. Pero había un montón de gente que estuvo con ellos en la montaña y que peleó con ellos y que esperaba probablemente tener acceso a tierra, vivir en mejores condiciones económicas, tener acceso a mejores condiciones de salud, mejor educación para sus hijos, etcétera. Eso parece que no se tocó. No se tocó con la seriedad, no se le dio la importancia debida a todo este montón de gente que quedó desmovilizada después de la guerra. No se le dio la importancia a todas esas redes criminales que se desarrollaron durante la guerra que tenían que ver prácticamente con el contrabando de cualquier cosa: armas, medicinas y quién sabe qué cosas más. Todo eso quedó ahí. Entonces, yo siento que el país después de la guerra queda como en una especie de vacío, que más o menos comienza a dar la impresión que ya no existe cuando ya el FMLN participa activamente en elecciones y tiene sus primeros diputados en la Asamblea. Pero el tema de la seguridad es un tema también vinculado a la problemática del narcotráfico. Uno no puede dejar de pensar que si eso es cierto entonces también el tema de las pandillas y las respuestas de los gobiernos de alguna manera pueden haber estado contaminadas por ese nuevo ingrediente, que es el tema del narcotráfico.

 

No podemos olvidar que somos parte del Triángulo Norte y la cercanía que tenemos con México y el problema que ese país tiene con el narcotráfico.

Más que ser parte del Triángulo Norte es el hecho de que inexorablemente somos parte de este corredor geográfico que forma parte de la ruta de la droga desde Sudamérica hasta Estados Unidos. Y el tema del Triángulo Norte adquiere alguna relevancia en años recientes, precisamente por la agudización de la problemática criminal en Honduras a consecuencia de la misma ruta del narcotráfico. Pareciera la injerencia de los carteles de droga y Guatemala. Pero el tema de la droga es un tema que está ahí y que lastimosamente nadie menciona. Las autoridades aquí todo el tiempo están hablando de las pandillas, que van a combatir a las pandillas, pues pareciera que así es: casi todo lo malo que pasa en este país en materia de seguridad es asociado con las pandillas. Pero no se dice mucho del narcotráfico. Y cuando uno ve, cuando un examina en más detalle, eso lo puedo decir, porque es resultado de estudios míos que están publicados en el extranjero, cuando uno comienza a examinar la evolución no solo en números… lo que muestra es un crecimiento en el control territorial, pero no es un crecimiento aleatorio, es un crecimiento que obedece a una cierta lógica. Y esa lógica tiene que ver con lo que son las rutas de la droga. (…)_Las pandillas se pueden convertir en el verdadero problema en la medida en que se les permita seguir creciendo.

 

¿Pueden crecer más las pandillas ?

Existe bastante literatura ya y bastantes reportes que indican que aquí en El Salvador las pandillas están interfiriendo cada vez más en las actividades de los grupos que transportan la droga a lo largo del territorio. Entonces, si uno lo ve de esa manera, y uno comienza a examinar cuáles son… y comienza a encontrarle alguna lógica a cómo se va moviendo esta concentración de violencia territorialmente en el tiempo. Entonces, ahí comienza a surgir otra historia. Regresando a los Acuerdos de Paz, la gente ya no quería guerra y eso lo tuvimos. Pero lo que muchos quisieron después de la guerra no lo tuvieron. (…) Entonces, no se trabajó de la manera más adecuada en aquellas transformaciones que se necesitaban.

 

Algunos hablan de la necesidad de unos segundos Acuerdos de Paz o de un nuevo acuerdo como sociedad.

Yo creo que quizá eso no es correcto. En la medida en que cualquier cosa de estas excluya a la gente no va a tener validez. Los Acuerdos de Paz ocurrieron a espaldas de la gente, nadie supo o tuvo injerencia en qué negociar, cómo negociarlo, con qué fin hacerlo.

Creo que si llegáramos a tener eso que muchos mencionan, otros acuerdos de paz, de repente va a ser otro paliativo nada más, otra aspirina para el dolor. Quizá hoy va a necesitar ser de más miligramos que las otras, pero de vuelta es ir difiriendo la solución de los problemas del país.

Si regresamos al tema de la violencia, creo que está muy claro que los costos que como sociedad hemos pagado precisamente por descuidar nuestras instituciones fundamentales… Los Acuerdos de Paz desembocaron en un sistema político en el que se privilegió a los partidos como medios de expresión de las necesidades y la voluntad popular.

Pero también se fortaleció la institucionalidad en el Estado, pero el costo ha sido altísimo. Para fortalecer la institucionalidad del Estado, hemos descuidado la institucionalidad básica: la familia, la comunidad, la escuela. Que son centrales, fundamentales. Han sido prácticamente abandonadas.

 

Da la impresión de que se privilegió fortalecer la institucionalidad política y se descuidaron estas otras instituciones sociales…

¡Claro, que están ahí! Y si usted se fija, por ejemplo, ha sido típico de los gobiernos de una forma u otra, enfocarse sectorialmente: hay un instituto de la mujer, hay uno de la juventud, uno de la niñez y la adolescencia. No sé si hicieron el de la tercera edad. Pero por ninguna parte hay una ley de protección a la familia, una ley de protección a la comunidad. Es más… este gobierno enfatiza mucho la cuestión del desarrollo territorial, pero hablar de territorios es como saltarse municipios. Estamos dejando por fuera una institución del Estado.

El punto es que se han ido dejando por fuera estas cosas, digamos… al ocurrir esto los salvadoreños como sociedad hemos perdido o hemos desvalorizado cosas simples en todo ámbito: el orden, la disciplina, la necesidad de seguir reglas, de respetar reglas, de estar consciente de a dónde terminan mis derechos y comienzan los derechos de los demás.

 

Entonces ¿sí considera necesario unos segundos Acuerdos?

Yo soy de las personas que cree que podemos llegar a entendernos a través de una agenda y que podamos inclusive tener facilitadores. Es que, si en aquel tiempo que había una confrontación armada, un conflicto armado producto de la incapacidad propia de los salvadoreños, que siendo hijos de una misma patria, nos enfrentamos, cómo no va ser posible ahora que hay más condiciones positivas, lo que pasa es que estamos en el año preelectoral y hay gente que antepone sobre todo lo electoral y cualquier aspecto positivo que pueda tener gobierno, ya lo ven como ventaja política; entonces, ahí se están oponiendo a todo.

 

Tenemos una mentalidad que propicia el desorden…

Exactamente… A los salvadoreños nos gusta ser autónomos. No nos gusta someternos a la autoridad. Y cuando hablo de someterse lo hablo en el sentido correcto de la palabra. No es que me voy a rebajar, porque acepto la autoridad. Al final de cuentas, creo que perdemos ese sentido de futuro y de pensar más allá del día, más allá de la semana y eso es lo que nos tiene sumidos en esta problemática y pareciera que es algo que se descuidó. (…) Al final de cuentas, creo que esta violencia que tenemos en el país es una violencia que hemos tenido siempre.

 

Una violencia que hemos tenido siempre y respecto a la cual no hemos hecho…

No hemos hecho las cosas correctas que tenemos que hacer. Nunca nos hemos preguntado, nunca hemos tenido el valor como sociedad de preguntarnos cuál es el problema. De encontrar la verdadera causa de esto y tratar de resolver esa causa.

Alguien le puede decir: “Esta violencia es de carácter estructural”. Habría que… (decir cuáles son las variables) y no hay gobierno que nos diga abiertamente a los salvadoreños, hasta hoy hace poco y pareciera que porque les conviene políticamente, alguien en el gobierno nos ha dicho: “Miren, señores, el problema es grave”. Lo ha dicho el vicepresidente en repetidas ocasiones: es un problema grave que dejamos que se nos fuera de las manos, que se nos acumulara y que por lo tanto tenemos que aguantar un tiempo largo para comenzar a ver los frutos de lo que dicen ellos que están haciendo.

Ahora, esa falta de comunicación correcta entre los políticos y la población es la que creo que nos tiene aquí.

El otro tema es que aquí se creyó que una fuerza de policía puede, debía estar limitada en la forma en cómo hacía su trabajo, por el fantasma de las violaciones de los derechos humanos que cometían los antiguos cuerpos de seguridad. Pero la verdad es que los antiguos cuerpos de seguridad… su naturaleza fue cambiada por las circunstancias. Quienes modificaron la naturaleza de los cuerpos de seguridad fueron los militares. Pero, el modelo que teníamos de Policía Nacional, de seguridad pública para un área urbana, funcionaba. El modelo que teníamos de seguridad pública para la zona rural funcionaba. El error lo cometieron cuando usaron políticamente estos cuerpos de seguridad y reemplazar esto, que estaba bien, ha costado un montón.

Ahora el problema es que hemos enfatizado más en tener una Policía Nacional Civil a la que la población perciba como su amigo y, como resultado de eso, nadie respeta a la autoridad.

 

El 14 de diciembre un conductor quiso meter su carro en el carril del Sitramss y tres agentes lo detuvieron. Él estuvo forcejeando con tal de que no lo esposaran. La gente que lo vio le comentó a los periodistas que el señor no había hecho “nada malo”.

Es lo que le digo. Ve usted cómo los salvadoreños vemos normal el violentar las reglas. En el ejemplo que usted menciona. A mí no me gusta ese carril segregado, veo que ocasiona un montón de problemas. Pero es exclusivo, según la ley, para cierto tipo de vehículos y entonces, el hecho de que alguien violente esa regla, a veces, es bien visto por los demás. Los salvadoreños hemos perdido la noción de lo que es bueno, de lo que es malo, de lo que es correcto, de lo que es incorrecto, de lo que es justo, de lo que es injusto, de lo que es lícito y de lo que es ilícito. Para nosotros algo está bien, si nos favorece. Y no importa cómo sea, pero con tal de que me favorezca está bien.

Y eso se va trasmitiendo, los modelos de educación de los padres, la forma en que muchos padres crían a sus hijos. Esto está mal si lo hace otro, pero está justificado si lo hace alguien cercano a mí.

Entonces, esa dualidad que existe, en que la ley, las reglas son para los demás, menos para mí. Y nosotros pensamos que eso es libertad.

Aquí regresamos otra vez al problema que tenemos de inseguridad. Aquí habla la gente que quiere más leyes. Yo creo que aquí hay leyes para todo. El problema es que no sabemos que estas leyes existen y si las conocemos preferimos ignorarlas.

 

¿Usted cree que con pena de muerte o aumento en el número de años de condena se puede disuadir a los delincuentes?

Aunque yo sé que está en la Constitución como aspiración de la sociedad y que hay que considerarlo, pero yo no veo por dónde ni cómo un sistema penitenciario va a rehabilitar a alguien. ¿Me entiende? La capacidad de rehabilitación que puede tener el sistema penitenciario es limitadísima… Creo que aquí, a pesar de lo que digan, se privilegia más la función del sistema penitenciario de incapacitar a los delincuentes con altas tasas de actividad. Como una manera de disminuir las tasas de comisión de delitos, pero no creo que la solución sea esa. Porque pareciera, aunque hay quienes dicen que no hay castigo más grande que perder la libertad, la libertad de movimiento, eso que se pierde cuando alguien va a prisión. Además de estar expuesto a un gran peligro su integridad personal y todo.

Creo que ese es el castigo. El problema luego viene que ese castigo no se les aplica por igual a todos. Eso genera resentimiento y en un país en donde quienes van o quienes son condenados son los que tienen menos recursos, para mucha gente, estar en un centro penal a pesar de todas las libertades que pierde y todos los derechos que pierde, es la oportunidad de comer mejor.

Es la oportunidad quizá de entrar a formar parte de una estructura en la que voy a tener acceso a las cosas que nunca he tenido. Pero, como le digo, todo tiene que ver con esa desfiguración que ha habido entre los salvadoreños de lo que está bien y lo que no está bien.

 

¿Será que, como salvadoreños, hemos tendido a dejar la solución a estos problemas en manos de los políticos y nosotros nos hemos conformado con ser simples espectadores y no participar?

Es que esto es histórico. Recuerde usted que esto viene desde los tiempos de la conquista y la colonización. Aquí (…) se introdujeron instituciones como la encomienda que básicamente dejaba el destino de los indígenas en manos del señor encomendero. Entonces, y probablemente… quizá nuestros pueblos indígenas, la estructura social y económica era así también. Y las estructuras de poder eran así. Entonces es muy probable que nosotros vengamos arrastrando esto de años y de siglos y es probable que como sociedad nos acostumbramos que el encomendero era parte de la encomienda, después se convirtió en colono, que dependía para todo del dueño de la finca, entonces como que ha funcionado para la gente portarse bien, agachar la cabeza, no decir nada. Porque de alguna forma eso es recompensado con algún bienestar y la gente ha aprendido, ahí sí ha funcionado la disuasión, que cuando has protestado, pues te han dado duro. Quizá eso, si usted se fija, por lo menos hasta la generación nuestra, en la de nuestros padres y la de nuestros abuelos, los eventos del 32 quedaron atado en la siquis del salvadoreño. Entonces, la política, primero creo yo que siempre ha existido la idea de que la política no es buena. Segundo, que los problemas que los resuelvan ellos. El problema no es mío, pero me afecta a mí. Tercero, creo que todo eso ha promovido una sociedad en la que el intercambio de favores se ha vuelto casi que una manera normal de sobrevivir. Antes para tener un trabajo tenía que tener recomendado por alguien. Para poder obtener una casa del instituto de vivienda urbana la gente necesitaba una recomendación de alguien en el gobierno… Y así por el estilo: el mecanismo de control social a través del otorgamiento de favores, por lo que llaman el clientelismo político viene desde siempre. Entonces, como que los salvadoreños nos damos cuenta hoy que los políticos no funcionan. Pero no se habla de que los partidos no sirvan.

A otras personas les digo: la especie en peligro de extinción son los partidos políticos, ahorita son los que están en la mira de todo mundo. Entonces, ¿quién me garantiza a mí que esta aparente polarización que tenemos y este aparente conflicto no es parte también de una acción concertada entre dos que se sienten amenazados en su sobrevivencia, una estrategia. No lo sabe uno.

Entonces, si esto viene acá: las medidas extraordinarias de seguridad (…) cuando a la gente le dicen “vamos a endurecer las acciones en los centros penales hay un montón de gente que se alegra.

Las extorsiones no ha bajado, aún con todo y las medidas extraordinarias. Los homicidios aparentemente han bajado, pero con respecto al 2015, no con respecto a antes del 2015. Entonces, estas medidas extraordinarias para qué son.

El tema gravísimo que tenemos… son la pandillas ¿qué se está haciendo con eso?

 

Parece que tenemos varias tareas pendientes como sociedad.

Exactamente. ¿Qué se está haciendo? Como sociedad ¿estamos de acuerdo en algún abordaje de esta problemática? ¿Entendemos el origen de esa problemática? A pesar de que el origen nos haga sentido ¿estamos de acuerdo con eso? Todo ese tipo de cosas poco a poco… Uno creyera que como que hubiéramos regresado de alguna manera a los años anteriores a la guerra. (…) Se comienzan a ver signos de crisis, signos de conflicto que lo hacen recordar a uno los años 75, finales de los 70, principios de los 80. Comenzamos a ver movimientos populares, movimientos sindicales, comenzamos… imagínese usted ya los estudiantes de la Universidad de El Salvador protestando porque no quieren que venga el Fondo Monetario.

Entonces uno comienza a ver como que se estuvieran despertando todos estos fantasmas que se logró dormir como resultado de los Acuerdos de Paz.

Y hoy tenemos este ingrediente nuevo que es la violencia pandilleril… Tenemos este ingrediente nuevo que son las drogas. (…) Pareciera que no tenemos la capacidad de generar oportunidades de crecimiento para nuestra gente, tenemos esa desesperanza.

Alejandro Ibarra
  • Mariano Mariano

    Muy interesante entrevista… Particular mencion a la cultura del desorden, como que cuesta entender que el bienestar social se eleva cuando hay respeto a las reglas y se promueve la cooperacion social, pero la sociedad nuestra esta muy enfrascada en el miedo generado por el estereotipo de ideologias radicales. Como ejemplo, si promueven el bienestar social, son (o eran) comunistas, y si se valora la apertura comercial se dice que son capitalistas y no se sale del circulo vicioso. Bueno, eso era antes pero casi estoy seguro la mentalidad no ha cambiado mucho, mas con el fenomeno que esta causando ‘ruido’ como lo son las pandillas, el crimen organizado.
    Otras sociedades han podido sobresalir bajo esquemas balanceados, por que no la nuestra?